Extremistas ambientales

Desde que decidí hacer de la defensa de los recursos naturales y su sostenibilidad mi pasión y profesión, he tenido que lidiar con dos grupos definidos. Por un lado, aquellos que no creen en el cambio climático y que piensan que el desarrollo está por encima de todo. Y por otro, aquellos que se dicen ambientalistas y lo único que han generado es una estampida social sobre el tema medio ambiental.

Ya en Venezuela a través del laboratorio ambiental que mi padrastro fundó a principios de los ochenta, en donde caracterizábamos emisiones a la atmósfera de gases y partículas en chimenea y calidad de aire, encontrábamos las posturas no siempre amigables de los gerentes de las líneas de producción en las empresas que aceptaban a regañadientes que debían medir sus emisiones para cumplir con las normas impuestas por el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales. Postura que con el tiempo fue cambiando cuando les demostrábamos por ejemplo, que un horno o una caldera, si tenía buena combustión y estaba dentro de los límites de emisión en gases de  monóxido de carbono, dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y demás gases asociados, les significaba un ahorro sustancial de combustible al año y por ende minimizaban sus costos de producción. Al final muchas empresas entendieron que el cuidado del medio ambiente y la economía iban tomadas de la mano.

En mi experiencia de campo encontré que aquellos que niegan el cambio climático siempre les importa su bolsillo. Cuando sacan sus cuentas son capaces de cambiar sus hábitos de consumo y sin pretenderlo terminan siendo amigables con el medio ambiente.

Pero también encuentro a diario grupos que se llaman ambientalistas y lo que hacen es espantar a cualquier mortal que pretenda poner su granito de arena. Una cosa es la actitud personal de cada quien y como decide vivir su vida y otra diferente es minimizar el esfuerzo de otros y sólo señalar sus errores. En ocasiones después de la felicitación de rigor por mi actividad en la fundación, me he visto interrogado y la verdad, siempre he salido mal frente a las posturas extremistas. Parece que para estar dentro del movimiento ambiental debes ser vegetariano, usar exclusivamente productos orgánicos, manejar bicicleta, ser delgado y prácticamente vivir en una choza retirado de la civilización. Lo cual deja al 99% de los habitantes del planeta sin ninguna opción de participar y ser parte de la solución.

Tengo muy buenos amigos que son vegetarianos pero nunca se atreverían a desacreditar a aquellos que no lo somos. Tengo también personas que me han dejado de hablar y han llegado al insulto porque me gusta un buen trozo de carne de vez en cuando. Hasta asesino me han llamado. Otros han escrito cartas a alcaldías quejándose que me vieron fumando un cigarrillo o que estoy muy gordo, lo cual significa que como mal y por ende no puedo ser ambientalista. Esta claro. No soy perfecto. Estoy lejos de serlo y hasta me alegro por ello. Soy sólo una persona normal que a través del estudio y la constancia diaria, entiende que en este mundo debemos cuidar lo que tenemos. Que debemos incentivar, proteger, cuidar y buscar hábitos personales, corporativos y políticas que garanticen una vida digna para todos sin acabar con el planeta. Nadie es completamente ecológico o “verde” pero todos tenemos la responsabilidad de hacer algo por el planeta y cada acción proactiva es ganancia.

Puedo lidiar con aquellos que desde una postura seria y respetuosa están en desacuerdo con mi actividad, pero a los otros, que se esconden en el ambientalismo para criticar a los demás y demostrarles que bien están ellos y que mal el resto, sólo les deseo que entiendan que se han convertido por exceso en el peor enemigo del movimiento ambiental.

 



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