¿Felices todo el tiempo?

“Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol…, hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír…” Eclesiastes, 3.

A fines del siglo pasado John Naisbitt publica su libro Megatendencias para el siglo XXI en el cual se destaca la orientación hacia la espiritualidad. De manera simultánea un grupo de estudiosos de las ciencias del comportamiento  propician y organizan las investigaciones relacionadas con la búsqueda del bienestar y las condiciones que llevan al florecimiento de comunidades orientadas a favorecer la felicidad y el bienestar de los seres humanos y se agrupan bajo el nombre de Psicología Positiva.

En paralelo, el entusiasmo creciente por la nueva era y autoayuda se refleja en la escalada de las ventas de productos y servicios y abundan los afiches y los escritos en la red relacionados con la felicidad, a veces contradictorios y sobre todo bonitos y con imágenes de placidez, qie ayudan a respaldar la idea de que la felicidad está asociada a quietud y tranquilidad… relax, algo así como: viva la felicidad y fuera el estrés.

Esta tendencia llegó a impactar y exigir de los gobernantes acciones contundentes de alto impacto, dijo Nic Sarkosy, por allí como en el 2009, que lo importante es el sentimiento de bienestar de la gente, así que contrató al Premio Nobel de Economía, Dr Joseph Stiglitz para desarrollar los indicadores de Bienestar. Bajo este concepto la ONU decreta el 20 de marzo como el Día Mundial de la Felicidad y publica los resultados del estudio realizado por Gallup sobre la jerarquización mundial de  los países más felices, medidos en variables como desarrollo humano, longevidad, inclusión, educación, salud y sostenibilidad. Incrementar los esfuerzos de los países para posicionarse en esta competencia se observa en las acciones como la creación de entes gubernamentales para coordinar las actividades.

Con la introducción de estos elementos de políticas públicas parece que ahora sí tenemos que ser felices porque sí, pero alerta: potenciar las emociones positivas tiene un límite, y no existen atajos para ser feliz porque la vida es compleja, el azar existe y porque no siempre podremos evitar el sufrimiento.

Aquí el excelente artículo presentado por el Dr Gonzalo Heivas de la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Colegio Oficial de Psicólogos y  de la  Sociedad Española de Psicología Positiva.

Sabemos que la relación entre optimismo y bienestar existe y es clave en el desarrollo humano porque las emociones positivas dinamizan y el pensamiento optimista contribuye a superar problemas y desarrollar capacidades, pero este desarrollo debe ser de manera natural y equilibrada.

Pero también sucede que algunas personas poseen estados de animo eufóricos e impulsivos en muchas ocasiones inoportunos o exagerados que les suelen llevar a correr riesgos y propiciar conductas irresponsables y peligrosas que le comprometen a el y a personas cercanas o a las instituciones a las cuales pertenecen, y no poseen el regulador por el cual el optimismo debe estar acompañado de la conciencia del realismo, de las posibilidades reales de obtener resultados y cómo encaminar los esfuerzos para lograrlo. Quiero enfatizar la palabra esfuerzo, es entender el equilibrio entre el corto y el largo plazo y como es el ingrediente  que permite que el logro se obtenga.

La búsqueda de la felicidad como una meta difusa nos puede conducir a tener expectativas poco realistas, por otra parte, el sufrimiento existe y transformar la tristeza, ira, miedo y culpa por sentimientos que alivien como el perdón, la empatía, la compasión y la tolerancia no es tarea fácil, ni automática , … a veces “don’ t warry be happy” es el peor consejo que podemos recibir.

Lo que sí han demostrado las investigaciones es que la esperanza y la fe son importantes, conocerse a sí mismo y los niveles de auto eficacia es el mejor aprendizaje que podemos desarrollar. El pensamiento optimista nos permite conocer posibilidades mientras que el pensamiento pesimista solo obstáculos, y principalmente tener un sentido de vida permite canalizar la energía, obtener satisfacción y el resultado es un sentimiento de vivir una buena vida. Así que permitamos que salgan las emociones del tipo que sean, seamos humanos a conciencia y practiquemos la resilencia para alcanzar el balance en nuestras vidas

 



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