Fin de mundo y otros apocalipsis

Este artículo comienza con una anécdota. Sandra Weisinger, nuestra directora creativa, me envió a comienzos de semana un email titulado “¡Esto hay que ponerlo en Inspirulina!”. Allí venía el link a un video de Joyous Energy sobre los cambios que experimenta el mundo y la necesidad de elegir el amor sobre el miedo. El guión del video, que acá compartimos contigo en su versión original en inglés, enlaza en su primera parte temas como el cambio de polaridad en la Tierra, la mayor intensidad y frecuencia de los terremotos, la extinción masiva de las especies y la manipulación de políticos y medios de comunicación. La segunda parte nos dice que, ante un mundo caótico y al borde del colapso, la solución es abrir el corazón, meditar y activar el poder del amor.

Al terminar el video solo pude sonreír. El escéptico que habita en mi dijo “Esto no tiene asidero. Tú eres editor y tienes que manejar hechos, no especulaciones”. El espiritual que también reside en mi mente respondió “Está bien, aunque no creas en los argumentos, no puedes negar el mensaje”. Y tras conversar con Sandra, quien tiene un mayor componente de fe en su visión del mundo, acordamos “poner esto en Inspirulina” porque sintoniza con nuestra convicción de que la transformación del mundo comienza con la transformación del ser humano.

¿VIVIMOS TIEMPOS EXCEPCIONALES?

Con todos los sucesos de los últimos tiempos reportados en la pantalla de nuestro monitor, es posible pensar que estamos al borde de un cambio de grandes dimensiones. Desde los terremotos en Haití, Chile y Japón, hasta los cataclismos sociales en el mundo árabe, el planeta pareciera sacudirse como nunca antes. Para quienes apuntan al 2012 como el punto de inflexión en la Tierra, las señales son obvias: viene un cambio de envergadura y la mejor forma de adaptarse es elevando el nivel de conciencia.

Pero la ciencia, me dice el escéptico, tiene explicaciones para estas señales:

Cambio de polaridad. Mucho se habla sobre la posibilidad de que el norte se convierta en el sur y viceversa. Los investigadores nos dicen que este fenómeno ya ha ocurrido en el pasado y puede manifestarse de dos maneras: o bien que se muevan los polos magnéticos (lo que sucede en promedio cada 300 mil años, aunque el último registro fue hace más de 750 mil) o un cambio físico de la tierra, es decir, que los continentes se desplacen y Alaska termine en el Ecuador (esto ocurrió hace 800 millones de años y el fenómeno tomó 15 millones de años en suceder).

Como verás, bien sea un cambio magnético o físico, estos ocurre en períodos de tiempo muy amplios, mucha más allá de la escala humana. No es algo que sucederá de la noche a la mañana, y nadie puede ponerle fecha de estreno.

Más terremotos, más letales. Tienen cierta razón quienes dicen que hay más temblores de tierra, porque efectivamente ha habido una concentración de temblores de alta intensidad en meses recientes, pero éste es un fenómeno conocido como “terremotos en racimos”, es decir, temblores que se concentran en un período de tiempo sin estar relacionados.

Pero viendo las cosas en perspectivas, y según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, en los últimos 100 años se ha mantenido constante el número de terremotos, y de hecho, su número ha disminuido en décadas recientes. Lo que sucede es que con una mayor cantidad de sensores sismológicos, más intensidad en la cobertura mediática, un incremento de la población en las áreas afectadas y un “racimo de temblores” recientemente, tenemos la impresión de que vivimos un tiempo de inusual actividad sísmica.

La extinción masiva de especies. Acá si tienen un punto a favor los apocalípticos. Paul R Eirlich, del Centro de Conservación Biológica de la Universidad de Stanford, nos dice que el actual fenómeno de destrucción de la vida animal, a causa de la actividad humana, es comparable a la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años tras el impacto de un meteorito contra la Tierra. Su colega en Stanford, Jonathan Payne, ha realizado estudios sobre los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera hace 250 millones de años, cuando violentas erupciones volcánicas desencadenaron la última extinción masiva. Sus conclusiones son, que si bien no se puede comparar la contaminación por combustibles fósiles con aquellas súper erupciones volcánicas, si estamos liberado dióxido de carbono en la atmósfera a un ritmo muy peligroso. Es un hecho que perdemos biodiversidad a un ritmo acelerado, y los océanos están acidificándose, y se elevan las temperaturas, y… bueno, tú sabes, el ambiente lleva la peor parte.

Sobrepoblación. Aunque no siempre se habla de este factor, lo cierto es que la tasa de crecimiento demográfico está generando grandes presiones sobre el planeta. El aumento de la población urbana, las migraciones masivas y la demanda de alimentos, energía y bienes de consumo, han impactado al medio ambiente como nunca antes en la historia.

En fin, para los que buscan una crónica apocalíptica hay síntomas de un cambio. Para los escépticos, son hechos cíclicos, naturales y aislados.

¿QUE TIENE QUE VER EL AMOR CON ESTO?

Es ahora el turno para la voz del espíritu. En Inspirulina hemos publicado diversos artículos sobre la transformación del ser humano como elemento esencial de  un cambio. Sea al mejorar nuestra relación con el ambiente, al explorar las bondades de la meditación o por iniciar una conversión con fines más elevados, estamos convencidos de que una vida más armónica, más plena y más consciente tiene un impacto positivo en nuestras familias y sociedades.

Y es acá donde el mensaje de muchas de estas teorías de revoluciones, cataclismos en serie o cambios de paradigma parecieran apuntar en la misma dirección: la clave para la evolución del ser humano está en el poder del amor.

Más allá de tu grado de fe, credulidad o escepticismo, no hay dudas de que en la esencia de las enseñanzas religiosas y espirituales existe ese llamado común a construir un mundo mejor. Y que ese proceso se inicia cuando se libera el poder benéfico del corazón.

¿Estamos en medio de un despertar de la conciencia? ¿Hay verdaderamente un cambio global que llevará a la humanidad a otro nivel evolutivo?

Cada quien puede responder a esta pregunta desde sus creencias y convicciones. Lo que es innegable es que el Apocalipsis más grande, el verdadero fin de mundo, sería darle la espalda a la energía creadora e inspiradora del amor.

Esa que está allí, frente a nosotros, tenga que ver o no con tanta catástrofe.

 



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