Fluir más allá de los límites

Aquella madrugada, tres vans cargadas de tablas de surf y un grupo de personas maravillosas, con rostros que expresaban entusiasmo y algunas sombras de temor por enfrentarse a lo desconocido, se dirigían a una rompiente del litoral central. Cada uno de ellos esperaba ansioso el gran momento de entrar a la batalla portando sus sueños y un camión lleno de actitud.

Llevar a surfear a personas con discapacidad motriz y visual en el marco de una actividad de integración era, sin lugar a dudas, el reto más exigente al que jamás nos habíamos enfrentado.

fluir-mas-alla-limitesUn par de horas más tarde, estos intrépidos se paraban frente al mar sobre la arena húmeda, con la alegría de niños y la valentía de gladiadores listos para enfrentar los leones en el Coliseo. La bahía se llenaba de luz y las gaviotas alzaban su vuelo en la hora mágica del amanecer. Poco a poco, se iluminaba el escenario y se podían sentir las emociones como un tsunami, a punto de descargar toda su energía. Miradas, sonrisas y gestos de esperanza se traducían en certeza.

Cada uno de ellos entró al agua decidido a vencer sus miedos, logrando estremecer nuestras almas. Uno de ellos, Luis Arteaga, le tenía miedo al agua ya que, además de no saber nadar, su papá se había muerto ahogado tres años antes; mientras que otros entraron al agua y surfearon a pesar de las barreras de sobreprotección impuestas por sus familias. O Henderverth Martínez, quien con una sola pierna, puso las muletas a un lado y con todo el valor se acercó y dijo sin vacilar “jefe, enséñeme que yo me quiero parar” y lo intentó una y otra vez hasta que lo hizo. Y todos los demás, con historias de vida diferentes y similares al mismo tiempo, a quienes le habían dicho toda su vida que no podían, que eran “tullidos”, confiaron en sí mismos y en un equipo y derrumbaron todas las barreras.

Un día de coexistencia destinado a ser memorable. Así, blindados por una gratitud infinita se lanzaron al mar, logrando domar no una sino varias ondas cristalinas. De pie, arrodillados o simplemente acostados, absolutamente todos surfearon con el corazón, sintiendo la placidez que provoca el deslizarse en una ola.

fluir-mas-alla-limitesUno de tantos momentos de triunfos fue el de Agny Díaz, una joven chica ciega, que nos hizo soltar lágrimas de felicidad cuando superó la oscuridad y nos brindó una lección de vida al derrumbar paradigmas y leer las olas mejor que todos los presentes a pesar de su discapacidad visual. Ella logró conectarse con su presente y así afinó el resto de sus sentidos para levantarse ágil sobre la tabla y cruzar con fluidez escuchando el silencio, mientras acariciaba suavemente la pared de la ola de un extremo a otro.

Aquel no fue un día de playa cualquiera. Se convirtió en un viaje a lo extraordinario y sublime en el cual se demostró que los límites están en la mente. El foco, la flexibilidad, el liderazgo, el trabajo en equipo, la inteligencia emocional y la responsabilidad social y personal se engranaron para montar a los presentes sobre la ola de lo posible, alimentados por el instinto de superación llenos de humildad, paz y amor por la vida.

@ephcto Ernesto Borges



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