Gestionando el estrés prevenimos violencia

Gestionando el estrés prevenimos violencia

Progenitores y educadores se sienten a menudo desbordados frente a la responsabilidad de criar. Muchos me comentan su preocupación debido a que suelen perder la paciencia, que cuando se sienten estresados o desbordados, gritan, pegan, castigan, etc., con la consecuente sensación de culpa, fracaso y malestar, amén del abuso y el daño que esto supone para los niños.

Lamentablemente es muy fácil incurrir en violencia cuando nos estresamos y sobre todo cuando tenemos a los niños cerca. La mayoría de las veces por su condición de indefensión y vulnerabilidad, son los niños los que terminan pagando el estrés o la rabia que los adultos acumulamos a lo largo del día. Es por ello que hoy quiero compartir algunas recomendaciones o ejercicios para gestionarlos, mantener el equilibrio necesario, y mitigar así el riesgo de incurrir en violencia hacia los pequeños a nuestro cargo.

  • El sistema nervioso expuesto a estrés prolongado colapsa. Cuerpo y mente necesitan espacio y tiempo de tranquilidad y relajación para restituir el equilibrio. Hay que graduar la exposición a factores estresantes. De tanto en tanto, sobre todo en momentos de crisis, necesitamos desconectar y dedicar tiempo al autocuidado y la higiene emocional. 
  • Toda emoción es válida y merece ser expresada, siempre que no nos dañemos ni dañemos a los demás. Periódicamente o cuando estemos muy tensos o estresados es importante descargar las tensiones acumuladas. Desalojar las tensiones del cuerpo y de la mente en el momento oportuno y lugar seguro, nos permitirá responder desde la calma de manera genuina y sostenible.
  • A solas en la habitación podemos llorar, gritar con un cojín o toalla en la boca, golpear el cojín, sacudir el cuerpo, etc., hasta vaciar las tensiones sin dañarnos ni agredir a otros.
  • Cuando sintamos tensión, hagamos una exhalación profunda y prolongada acompañada con una fuerte exclamación (¡ayayay!!!) Repitamos este ejercicio para restituir el equilibrio, todas las veces que sea necesario a lo largo del día.
  • Hacer gestos exagerados estirando y contrayendo los músculos del rostro es un buen  modo de relajar tensiones. Mucho mejor si nos observamos en el espejo mientras lo hacemos.
  • Cuando los pensamientos aturden y causan tensión, cerremos los ojos y emitamos balbuceos y sonidos sin sentido (blablacruchuplancki chuc fleru um ) por 10 minutos, luego quedémonos en silencio por unos minutos. Con ello contribuimos a descargar la basura acumulada en nuestra mente para llegar naturalmente a la calma.
  • Parados con pies arraigados en el piso, rodillas, caderas, mandíbula, cuello y brazos sueltos, sacudamos suavemente todo el cuerpo por 10 minutos. Luego disfrutemos en silencio por unos minutos, sintiendo el alivio. 
  • La respiración y el estado de ánimo se relacionan. Siempre que nos sintamos tensos, llevemos la respiración a un ritmo lento y profundo para inducir a la calma.
  • Activemos sentimientos de placer que conduzcan a la relajación natural sin la necesidad de consumo de substancias. Podemos lograrlo a través de masaje, baile, baño tibio, reír, etc. 
  • Al igual que la limpieza habitual de nuestro cuerpo y hogar, es necesario practicar a diario la higiene de las emociones para construir la calma y el equilibrio a fin de relacionarnos desde la no violencia, especialmente con los niños a nuestro cargo.  


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