Hábitos y estructuras, ¿cuándo, cómo, para qué?

La crianza respetuosa no está peleada con la tarea de crear hábitos o estructuras durante el desarrollo de las criaturas. Los hábitos y estructuras sanamente establecidos aportan seguridad y estabilidad a los niños. Lo que debemos cuestionarnos es la manera en que pretendemos hacerlo.
Una cosa es que, por ejemplo, progresivamente, día tras día con consistencia, habituemos a los
niños y nos habituemos los adultos a dormir a una hora determinada, bajando los estímulos, la actividad y las prisas en casa (apagamos luces, la tv, ralentizarnos el ritmo, damos a los pequeños un baño relajante, un masaje, contamos un cuento, antes de irnos todos a dormir). Otra cosa muy distinta es introducir hábitos y estructuras a la fuerza, dejándolos llorar, empujando, obligando a los niños a dormir en solitario, provocando sufrimiento estéril y angustia.

El cuándo es muy importante. Los adultos de esta civilización tenemos muchas lagunas sobre los
procesos evolutivos infantiles por lo que nos basamos en expectativas irreales acerca de lo que podemos o no esperar según la madurez evolutiva en la que se encuentran cada pequeño. Los tiempos de adquisición de hitos del desarrollo (dormir la noche entera sin levantarse, no tocar los adornos de la casa, dejar el pañal, socializar, escolarizarse, comer sentados en la mesa igual o parecido a un adulto…) suelen ser más largos de lo que creemos progenitores y profesionales vinculados con la atención a la infancia. Debemos observar, preguntarnos en qué momento evolutivo los niños están preparados para adquirir un hábito, seguir o no una regla, elaborar la comprensión o no de un límite, antes de introducirlos. Y sobre todo, preguntarnos el por qué o para qué. Reflexionar sobre las razones por la cuales los establecemos, ¿lo hacemos por nuestra propia necesidad, prioridades y comodidad adulta? (no estamos dispuestos a tolerar los despertares nocturnos frecuentes y atender sus necesidades porque queremos dormir la noche entera sin que nos molesten y entonces forzamos a dormir de un tirón a los niños aunque sufran).

Hábitos y normas se introducen para beneficio del desarrollo de las criaturas y cuando estas ya se encuentran en condiciones de asimilarlas porque han alcanzado la madurez indicada, sin necesidad de apresurar ni presionar ni empujar.

Hagámonos preguntas antes de dar por sentado que el niño necesita determinadas estructuras, hábitos o límites, porque las respuestas a todas estas preguntas nos harán saber si se establecen desde lo razonable o de manera arbitraria provocando interferencias y repercusiones nada saludables sobre el desarrollo psicoafectivo de los niños a nuestro cargo.



Deja tus comentarios aquí: