Hablando con nuestro cuerpo

Hablando con nuestro cuerpo

En el artículo anterior hablábamos de la importancia de aprender a escuchar a nuestra enfermedad. Aprendimos que la enfermedad no es más que la manera en que nuestro cuerpo nos envía mensajes acerca de los cambios que debemos hacer en nuestras vidas. Una vez que hemos escuchado y descifrado este mensaje, es importante hacerle saber a nuestro cuerpo, que ya hemos entendido, que estamos dispuestos a corregir el rumbo, y que queremos sanar. ¿Pero qué idioma podemos usar para hablar con él?

Nuestro cuerpo se comunica a través del cerebro, el cual envía mensajes en forma de sustancias químicas a nuestras células, quienes responden de manera adecuada. Las células no tienen capacidad de analizar estos mensajes químicos y los aceptan como tal, sin ningún tipo de dudas. En otras palabras, nuestras células no tienen manera de saber si la información que le manda el cerebro fue originada por una percepción real, una imagen, un pensamiento o un recuerdo. Todos hemos experimentado esto cuando se nos eriza la piel al pensar en un lugar muy frío, o sentimos excitación sexual cuando nos imaginamos el roce de una piel, o salivamos al recordar las deliciosas galletas de nuestra abuela. Ninguno de esos estímulos son reales, pero nuestros órganos reaccionan como si lo fueran.

Ese es el inmenso poder que tiene nuestra mente sobre nuestro cuerpo. Utilizando nuestra imaginación, tenemos acceso al mejor instrumento para comunicarnos con nuestro cuerpo, creando imágenes y sensaciones que nos apoyen a través de la visualización. La visualización nos permite mantenernos en contacto con los sistemas corporales responsables de restituir la salud a nuestro organismo. Imaginar a nuestro cuerpo eliminando la causa de nuestra enfermedad, bien sea un tumor, una reacción autoinmune o una infección, permite activar los mecanismos inmunológicos responsables de estas funciones. Esta herramienta es también muy útil cuando estás recibiendo un tratamiento agresivo o con efectos secundarios. Imaginar a tu cuerpo recibiendo la terapia sin resistencia, como un aliado que viene a ayudarlo, permite que los tratamientos tengan mayor efectividad y menor rechazo.

La forma de utilizar la visualización varía de persona a persona. Algunos prefieren utilizar grabaciones que les ayuden a relajarse y les guíen en el proceso, otros prefieren escribir un guión y que alguien se los lea, y a otras personas les gusta más crear su propias imágenes. Cualquiera de las opciones está bien. A continuación te doy algunas recomendaciones para que tus visualizaciones sean más efectivas y puedan apoyar a tu organismo en el proceso de sanación.

  1. Elimina otros estímulos, para evitar distracciones y permitir que el mensaje llegue fuerte y claro. Relájate, pon música suave, cierra los ojos, concéntrate. Pide que no te molesten. Busca un lugar seguro.
  2. Cuanto más detalladas sean las imágenes que construyas, más efectivo será el mensaje. Imagina con todos tus sentidos: mira, toca, huele, escucha, siente. Toma todo el tiempo que necesites para crear tus imágenes. Perfecciónalas cada vez más. Utiliza tus recuerdos y memorias para enriquecerlas.
  3. Imagina siempre en positivo y en presente. Imagina que tu cuerpo está sano, limpio, lleno de vitalidad, y que tus sistemas corporales se apoyan y trabajan como un equipo para mantener tu salud
  4. Incorpora en lo posible sentimientos y emociones a tus visualizaciones. Piensa como te sentirías con toda esa energía y salud. Siéntete feliz, alegre, vital. Libérate de los miedos. Recuerda que en tu imaginación nada es imposible.
  5. Usa las imágenes que funcionen mejor para ti, con las que te sientas cómodo, las más cotidianas. Si te cuesta imaginarte tu sistema inmune como un ejército, piénsalo como un equipo de fútbol, o un videojuego. Si te gusta la música, visualiza una orquesta, o un grupo de rock. Usa lo que te funciona y conoces. Habla con tu cuerpo por el celular o mándale un PIN, créale una página de Facebook, o mándale un twitter. Recuerda, nada es imposible.
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  6. Si tu mente empieza a divagar o a juzgar las imágenes que estás creando, escucha lo que te estás diciendo a ti mismo, y luego corrige. Recuerda que es parte de una conversación, utiliza esta información también para tu beneficio.
  7. Cuando hayas perfeccionado tu visualización, escoge una versión resumida y asígnale una palabra, nombre o frase clave para que puedas acceder rápidamente a ella cuando lo necesites. De tal manera que, si a lo largo de tu día te asalta el miedo, la angustia, o la negatividad, repite mentalmente esa palabra o frase y tu cerebro recordará las imágenes y sensaciones que creaste.

Así que ya sabes, comunícate con tu cuerpo, crea tu propia salud, y cuéntame como te sientes haciéndolo.



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