Hablando de la compasión

Hablar de la compasión es comprender que la naturaleza de las personas está determinada por la historia personal de cada quien.

Por los cuentos que hemos escuchado. Por las escenas que hemos visto. Por las mentiras que creemos. Por las verdades que vivimos. Por cada cosa que nos decimos al despertarnos.

Por lo que aprendimos de nuestros padres al momento de dormir. De los gritos que observábamos mientras jugábamos de niños en el suelo. De los besos que escuchábamos mientras la adolescencia pasaba por nuestros huesos

Cada uno de nosotros somos diferentes y no solo genéticamente:

Diferentes en la manera que nos presentamos ante el mundo cuando desde una noche desvestimos un te quiero.

Diferentes en respetar al otro al momento de mirarlo a los ojos porque se atrevió a quitarnos el puesto de estacionamiento.

Diferentes al comprometernos a la eternidad mientras jugamos con los sentimientos propios y ajenos.

Diferentes en comernos la fidelidad en cada plato de deseo.

Diferentes en amar, unos con la convicción, otros con el ejemplo.

Porque la diferencia nos caracteriza y la compasión nos bendice desde el silencio.

La compasión huele a perdón. Sabe a amor. Mira a Dios.

La compasión nos toma de la mano para mostrarnos el camino de la benevolencia, la ética y la responsabilidad. Con el objetivo principal de no hacer juicios de valor ya que más allá de nuestras acciones están nuestras intenciones de respeto.

La compasión extrapola la dimensión del cariño para aceptar que independientemente de lo que estemos pasando todo está bien mientras seguimos moviéndonos. Seguimos avanzando.

La compasión nos recuerda que al final de cuentas la muerte física es un destino y la muerte emocional es una elección.

Es por ello la importancia que tiene una actitud compasiva al momento de descansar en paz no solo en vida sino en la muerte.

Descanse en paz, decimos a vuestros difuntos.

Detrás de esa frase se esconde la pregunta: ¿Qué tan compasivo fue en vida? o ¿Qué tan compasivos fuimos nosotros con él o ella mientras vivía?

Y es que la compasión es una invitación a que nuestro espíritu se quite los zapatos del rencor. Camine descalzo sobre la arena del perdón. Se tome una piña colada con el agradecimiento. Se tome una foto con la confianza. Baile alrededor de la fogata de la esperanza. Nade en el mar profundo de la fe.

La compasión hace que nuestra alma respire el aire salado del amor propio para que en el momento de mirar las estrellas de nuestras acciones. Bajo el mismo reflejo de nuestros pensamientos. Le digamos a nuestro cuerpo ya dormido: descansa en paz amigo mío.

Porque la misericordia de Dios se compadece de nosotros mas allá de la magia. Más allá de la muerte. Más allá de la vida. Más allá del amor.



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