Hablemos de alcohol

Hace algunos años tuve la enriquecedora oportunidad de participar como especialista en un foro en línea, donde los usuarios me planteaban directamente sus inquietudes sobre consumo responsable.

Puedo asegurarles que fueron innumerables los aprendizajes de esa experiencia, en la que respondía una a una cada pregunta. Sin embargo, hubo algo que llamó poderosamente mi atención: un porcentaje importante de las casi 300 preguntas que respondí estaban relacionadas con cómo abordar con los hijos el tema del consumo de alcohol. Recuerdo especialmente una madre que tenía un hijo de 15 años, muy aplicado y deportista, bastante preocupada porque, durante el regreso a casa de una fiesta, su hijo le comentó lo que había visto con respecto al consumo de bebidas alcohólicas.

Al hacer el ejercicio de pensar cómo podía ayudarla, estructuré un esquema por etapas que hoy quiero compartir con ustedes para que no sea sólo esa madre angustiada quien tenga las herramientas necesarias.

Debido a lo extenso de la información, comparto con ustedes la primera edición de una serie de entregas a través de las que busco ayudarlos para saber cómo comportarse con los jóvenes frente a esta situación, cómo contestar sus preguntas, mantenerlos informados y saber qué deberían decirles.

Etapa 1: EXPLORACIÓN

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Su adolescente o preadolescente puede comenzar a comportarse de manera diferente, pero el alcohol no necesariamente tiene que ser la causa. Aunque debemos estar alerta, no es fácil saberlo, de ahí a que el primer paso debe ser explorar los hechos y tratar de verificarlos, consultar con otros y pasar de la inferencia a la certeza antes de actuar. Se trata, entonces, de estar claros en si existe la situación y cuál es la magnitud. Adicionalmente, hay otros elementos que pueden ayudarnos a identificar si la naturaleza del problema tiene que ver con el consumo inadecuado de bebidas alcohólicas:

  • Tendencias a estar solo y encerrado en la habitación.
  • Llegadas tarde frecuentes.
  • Ausencias injustificadas.
  • Cambios significativos en el rendimiento escolar.
  • Pérdida de interés por los amigos, deportes y entretenimiento.
  • Pérdida del apetito.
  • Excesiva distracción.
  • Inquietud o fatiga.
  • Dinero que desaparece de su cartera.
  • Negligencia con respecto a la vestimenta o higiene personal.
  • Escapadas de la casa.
  • Faltas al colegio.

Fase 2: INFORMACIÓN

Estos comportamientos no aparecerán, necesariamente, todos al mismo tiempo. Debemos hablar con los jóvenes, explicarles lo que está pasando y ayudarlos a comprender sus propios sentimientos de la mejor manera. Es importante que antes de sentarnos a conversar, en caso de que así lo sintamos necesario, busquemos el apoyo de un amigo, un familiar o un especialista que nos ayude a ver las cosas con más claridad. No debemos dudar en hacerlo, porque es normal que nos sintamos tristes, tengamos miedo y hasta rabia ante esta situación y debemos reconocer que hay problemas que escapan a nuestra capacidad de resolverlos sin ayuda.

Una vez dicho esto, la fase 2, tiene como propósito:

  • Informarle a nuestros hijos sobre los efectos que pueda ocasionar el consumo nocivo de alcohol en el organismo.
  • Desmontar opiniones e ideas equivocadas.
  • Orientarlos a que tomen decisiones oportunas y adecuadas.

Fase 3: COMPROMISO

Esta fase tiene dos vertientes: actuar como padres y establecer límites y normas claras.

  1. hablemos-alcoh2Actuar como padres porque somos el ejemplo a seguir: nuestros hijos tienden a imitar el comportamiento de aquellos que aman, admiran y respetan, especialmente el de nosotros, sus padres. Es bastante seguro suponer que nuestros hábitos y costumbres serán los que adoptarán nuestros hijos más adelante; de ahí la importancia de que nuestro comportamiento sea un buen ejemplo para ellos.
    Además, debemos ejercer nuestro rol de padres en toda su amplitud. Aceptar que no somos sus amigos y que debemos hablarle con claridad y firmeza, siendo coherentes y afectuosos y manifestándoles nuestro apoyo.

  2. Establecer límites y normas:
     que sean realistas, acordadas previamente entre ambos padres. Definir, explicar y razonar. Motivarlos para que acepten estos límites, dejando claras las consecuencias de no hacerlo. Esos límites y normas de la familia deben ser conversados, no impuestos unilateralmente; estamos hablando de un compromiso que acordamos entre padres e hijos con respecto al consumo de bebidas alcohólicas. Debemos tener una actitud de calma y de diálogo abierto con los hijos, esto puede hacer una gran diferencia. Si nuestros hijos se sienten cómodos hablando con nosotros, podrán guiar sus elecciones mucho mejor cuando se trata de la bebida. Recordarles que pueden contar con nosotros si necesitan de nuestra ayuda, de una manera atenta, siendo amorosos y demostrando afecto, es algo primordial dentro de este proceso.

Fase 4: SEGUIMIENTO

Los hijos menores a menudo saben más de lo que uno se imagina. Ellos, en caso de que estén tomando bebidas alcohólicas, ya tienen una buena idea de cuál es el comportamiento socialmente aceptable por los adultos, cuando se trata de alcohol. De ahí la importancia de hacer el seguimiento adecuado para empezar a prevenir.

En esta etapa debemos utilizar las mismas herramientas planteadas en el período de «Exploración»; evaluar cómo ha evolucionado la situación; evitar reaccionar inmediatamente si se llega a romper un acuerdo; ser constantes sin llegar a ser fastidiosos; reforzar positivamente sus esfuerzos y los logros; obtener ayuda profesional si nos preocupa lo que observamos y sentimos que no podemos manejarlo. Así como uno consulta con el médico al observar en los hijos síntomas de alguna enfermedad, en este asunto también debemos buscar ayuda de algún especialista.

La investigación científica sobre estos temas ha demostrado que los padres son un elemento protector muy importante.

 



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