Hablemos de los antioxidantes

Hablemos de los antioxidantes

En el post sobre los radicales libres mencionamos que estos constituían unas moléculas que eran capaces de «robar» electrones a otras haciéndolas químicamente inestables. Esto es lo que se llama reacciones de oxidación. Pero, también dijimos que existían otras moléculas, especie de policías, capaces de identificar y neutralizar a los radicales libres y que se conocen como antioxidantes. Por tanto, para evitar daños considerables en el organismo se debe establecer un equilibrio entre la acción de los radicales libres y los antioxidantes.

Debemos advertir que existen diferentes tipos de antioxidantes. Estos varían según su mecanismo de acción y su potencia antioxidante.

Hablemos de la vitamina E. Esta es un antioxidante liposoluble, es decir, soluble en grasa que no lo produce el organismo. Debemos obtenerlo a partir de alimentos ricos en aceites vegetales como el de oliva, de girasol o en algunos frutos secos como las almendras y avellanas. La vitamina E es cardiosaludable porque reduce el riesgo de eventos isquémicos cardíacos como el infarto entre personas que la consumen. A ciencia cierta no se sabe si este efecto cardioprotector es un beneficio exclusivo de la vitamina E o es producto de una dieta sana en general. Probablemente ambas cosas sean ciertas.

También tenemos los antioxidantes hidrosolubles, es decir, aquellos solubles en agua. Estos abundan en las frutas y verduras. De este grupo podemos nombrar la vitamina C. Esta tiene un gran poder antioxidante aunque su efecto cardioprotector o en la prevención y tratamiento del resfriado aun no está muy claro. Entre las frutas con alto contenido de vitamina C tenemos el pimiento rojo y verde, guayaba, toronja, naranja, limón, fresas, melón y kiwi.

Otros alimentos ricos en vitamina C son las verduras, sobre todo aquellas de la familia de las crucíferas como el brócoli, la col o el coliflor.

No olvidemos los carotenoides. Su nombre deriva de la raíz carrot (zanahoria en inglés) o carotte (zanahoria en francés). Lo encontramos en hortalizas de color como la zanahoria y los tomates. Destaca entonces el betacaroteno que le da a la zanahoria su color naranja y el licopeno que le da a los tomates su color rojo.

Aunque no es una regla infalible, se dice que mientras más color tengan las frutas, hortalizas y verduras, más potente será su efecto antioxidante. Tanto es así que la Asociación Americana de cardiología ha recomendado el consumo habitual de estos alimentos, especialmente las de color verde oscuro, naranja intenso o amarillo. En las frutas, lo más importante es el color de su pulpa.

Como dice el libro La Ciencia de la Salud de Valentín Fuster: lo mejor que puede hacer es que su plato parezca un Picasso, con un fondo que puede ser de lechuga, pero con pinceladas rojas, naranjas y amarillas de pimientos, zanahoria, tomates y remolacha. En fin, lo mejor es ser creativos y tratar el plato como una obra de arte.

Así que, ponga en marcha su creatividad y ¡buen provecho!



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