Hacer una pausa, no necesariamente significa renunciar; o dar por vencida una batalla

Dar un alto para tomar un respiro, nunca será señal de debilidad y menos; de resignación. La clave para articular las mejores estrategias, se basa en saber tomarse el tiempo necesario para replantear las posiciones de cada jugador, para armar planes alternos y evaluar; las posibles complicaciones que puedan presentarse en medio de una cruzada. No todos los tiempos son buenos para ir a la guerra, algunas veces se hace necesario un -alto- digno; que nos permita retirar del campo nuestras tropas y otorgarles un descanso revitalizador que les ayude a despejar sus mentes y ejercitar sus cuerpos para volver a la batalla totalmente renovados y con un mayor deseo de victoria.
Cuando hemos desplegado todo un arsenal y hemos dado a nuestros soldados la orden de luchar sin descanso hasta vencer, deseamos que cada uno dé el máximo de sí mismo en la arena, que luche hasta el final por un ideal y que; no tenga otro objetivo distinto a la idea de proclamarse victorioso, sin embargo, en algunas oportunidades; se hace tanto el esfuerzo y el sacrificio, que a lo largo del tiempo las incontables horas en batalla nublan sus mentes y el cansancio; obstaculiza sus pensamientos.
Es éste el momento preciso para retirar a nuestros luchadores y volver al campo de concentración, para así; replantear el ataque y decidir, inteligentemente; cuando será el momento de regresar a la afrenta. La vida es un juego de retos y decisiones, conformada por dos o más contendores dispuestos siempre a atacar y vencer; algunas veces por encima de su propia voluntad. Ideales van y vienen, aciertos y desaciertos están siempre a la orden del día; el único eje que puede hacer girar nuestra ruleta e inclinarla en favor de uno u otro bando, es la inteligencia; inteligencia para observar más allá de nuestras propias narices, para saber detectar las debilidades de nuestros oponentes; inteligencia para crear tácticas imbatibles, para preparar el terreno en pro de nuestra anhelada victoria; inteligencia para proclamarse ganador antes de haber pisado el terreno contrario y más aún, para disponer todas las piezas del juego hasta lograr hacer Posible hasta el más grande imposible.
El ajedrez, tiene una particular semejanza con esa lucha diaria que conforma nuestra vida, en la que; en algunas oportunidades somos peones dispuestos para proteger a nuestros compañeros de combate, en otras; somos alfiles preparados ya para atacar, podemos también llegar a convertirnos en inteligentes y tácticos caballos con armadura de acero; o ser torres predadoras mientras cuidamos las espaldas a esa pareja real que no se trata de más, que de nuestros propios ideales. Los más osados llegamos al lugar privilegiado de la valiente reina para cuidar y proteger a su rey, o también; tomamos en algunas oportunidades el papel de ese rey poderoso pero frágil e indefenso, que necesita de todo el apoyo y la protección de su reina; y, de su entero Ejército Real. Un jaque mate está seguro, sea por parte o no; del bando contrario.
En cada batalla iniciada, más allá del gran anhelo de la victoria; debe conocerse cuándo exigir el máximo de nuestros gladiadores, cuando dar un paso atrás para evitar ser lastimado, cuando acertar una estocada directa sin piedad y cuando retirarse del terreno con la cabeza erguida y el fin único de fortalecer a todas nuestras piezas para volver a la lucha pero, sobre todo; se debe saber reconocer el momento perfecto de mostrar nuevamente las armas sin que haberse retirado signifique renunciar; o dar por vencida una batalla y sin que el mostrarlas nuevamente signifique, haberlas bajado jamás de su puesta al cielo.
 
El mejor guerrero es aquél que, aún en desventaja; tiene la fiel convicción de proclamarse ganador. En nuestra vida, no importa la cantidad de veces que debamos retirarnos de las batallas; lo verdaderamente importante, es la fuerza y la entrega con la que regresemos nuevamente a luchar; sin miedo a caer y con la seguridad siempre, de tener la victoria asegurada. Retirarse a tiempo no es perder, siempre y cuando no se dejen en el camino las ganas de volver; para ganar!


Deja tus comentarios aquí: