Hacia un cambio de actitud frente a la vejez

Hacia un cambio de actitud frente a la vejez

«Decir que un joven es viejo o que un viejo es joven, no pasa de ser un contrasentido. Sobre la edad hay una sola cosa cierta: sólo es joven quien tiene pocos años y viejo quien tiene muchos». Raiza Guerra. Médica Psiquiatra.

Juventud y belleza se yerguen como valores supremos en nuestra sociedad actual. Casi todos hemos experimentado o manifestado rechazo ante el aspecto físico y estético de la vejez, así como miedo de llegar a esta etapa de la vida. En el pasado se aceptaba, respetaba e incluso se veneraba a los viejos, porque eran ellos quienes trasmitían la sabiduría, la experiencia y la historia. Hoy, la aversión a la vejez está presente en los adultos, jóvenes, niños y hasta en los propios representantes de la estigmatizada tercera edad, a la cual todos, en el fondo queremos llegar, porque de lo contrario moriríamos temprano.

Con frecuencia se pueden observar síntomas de repudio a la vejez, tales como ocultar la verdadera edad, someterse a transgresivas cirugías para estirarse el rostro o hacerse llamar por los nietos con el nombre de pila en lugar de abuelo o abuela. Es común oír expresiones que nacen como consecuencia del prejuicio que acompaña a la palabra viejo. Se usa viejo o vieja en calidad de insulto o como un sinónimo de discapacitado, majadero o achacoso. Sin embargo, si nos fijamos bien, encontraremos innumerables ejemplos de personas mayores que viven o han vivido su vejez de forma más activa y lúcida que muchos jóvenes o adultos. Recordemos la cantidad de mujeres y hombres científicos, artistas, escritores, empresarios, empleados, amas de casa, que han sido o siguen siendo lúcidos y creativos hasta edades avanzadas.

El fenómeno inverso ocurre con la palabra joven frecuentemente asociada con alegría, salud, y productividad. Incluso a un viejo se le dice que «parece joven» cuando goza de estas características, pero la realidad nos enseña, con innumerables ejemplos, que existen jóvenes con muy mala salud y viejos con una salud envidiable, que hay jóvenes tozudos o amargados y viejos que son el alma de las fiestas, que no es raro encontrarse con viejos inmaduros y jóvenes maduros o con jóvenes reposados y viejos sumamente activos. Si observamos con cuidado notaremos que en la mayoría de los casos, las características en cada persona tienden a mantenerse a lo largo de la vida y son condiciones que no están necesariamente vinculadas a la edad sino al individuo.

Pensar o decir que la juventud no depende de los años sino del espíritu, forma parte del ideario construido sobre el prejuicio social hacia la vejez. Según la Doctora Raiza Guerra, médica psiquiatra y fundadora de la organización Después De La Adultez, decir que un viejo es joven o que un joven es viejo no pasa de ser un contrasentido. «Sobre la edad hay una sola cosa cierta: sólo es joven quien tiene pocos años y viejo quien tiene muchos», agrega la Dra. Guerra. Las actitudes de rechazo al envejecimiento casi siempre son aprendidas. Debemos trabajar de forma preventiva con niños y jóvenes para que no crezcan con miedo a la vejez.

Por lo regular cuando encaramos el panorama de la vejez asumimos los aspectos negativos que vienen con ella negándonos la oportunidad de prepararnos para disfrutar de las ventajas que también trae consigo. Hay muchas razones para creer que nos conviene reivindicar la tercera edad. En la vejez se puede tener mayor libertad, menos prisa, más experiencia, lo cual puede facilitar una vida más disfrutable. Cuando se logra madurar, además de envejecer, se puede gozar de una actitud más clara, segura y serena ante la vida. El acercamiento entre los jóvenes y las personas mayores es una increíble oportunidad para desarrollar el respeto y el aprendizaje mutuo entre ambas generaciones. Estas y muchas otras ventajas son tesoros en potencia listos para ser aprovechados en nuestra tercera edad o en la de nuestros familiares. La forma en que entendamos y recibamos la vejez propia y ajena en gran medida permitirá que las disfrutemos o desperdiciemos.



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