Haciendo las paces con el miedo

Haciendo las paces con el miedo

El postergar ciertas tareas, el que una persona siempre logre que hagamos lo que ella desea, que comencemos una nueva actividad y la dejemos a medio camino… suelen ser situaciones causadas por un temor del cual, en muchas ocasiones, no somos conscientes.

Obviamente, hay temores de temores, y en un grado superior en la escala se encuentra el pánico. Sea el miedo ante el dolor físico, miedo a ciertas emociones o a la muerte es necesario hacernos conscientes de ese miedo, para poder sobreponernos a él.

La meditación, en particular la enfocada en el amor y la autocompasión, nos invita a explorar y comprender nuestros temores. ¿Cómo me siento? ¿Cuáles son las sensaciones corporales que experimento y en qué parte? ¿Son escalofríos en los brazos? ¿Son palpitaciones aceleradas en el corazón? ¿Qué imágenes aparecen en la mente en los momentos de miedo?

Este ejercicio de meditación, generalmente facilitado por un coach o terapeuta se llama “reconocimiento corporal” y provee información muy útil sobre el miedo y cómo lo experimentamos.

Esta meditación nos permite acceder a la constelación de sensaciones y pensamientos que llamamos miedo y a su naturaleza real. En primer lugar, podemos darnos cuenta de que el miedo es pasajero: un grupo de imágenes mentales y sensaciones corporales de cierta intensidad que se experimentan por un cierto tiempo, en episodios. Por tanto, por su misma temporalidad, el miedo es manejable y podemos aprender a superarlo.

¿Cómo logro superar mis miedos?

Es una tarea de amor y autocompasión, que con determinación y una práctica regular te permitirá avanzar.

Comienza de forma muy simple: cuando el miedo aparezca, nómbralo suavemente. Reconoce lo que produce en ti, en tu respiración, en tu cuerpo, en el ritmo de tu corazón. Hazte consciente de las imágenes en tu mente. Revisa cuánto tiempo duran. Nota cómo todas esas sensaciones corporales, todas esas imágenes y pensamientos contribuyen a crear una historia escalofriante que es una especie de predicción del futuro. Una historia que puede ser infundada, exagerada, irreal, producto de tu imaginación. Como dijo alguna vez el famoso escritor norteamericano Mark Twain: “Mi vida está llena de terribles infortunios, muchos de los cuales nunca sucedieron”.

Por supuesto que cuando comenzamos a trabajar con la mente miedosa es un poco molesto y nos asustamos. Pero si continuamos intentándolo, de forma amorosa y perseverante, vamos a ir progresando en nuestra misión de amigarnos con el miedo. Al comienzo, cuando nos toque nombrarlo, diremos “¡MIEDO! ¡Miedo! Miedo…”, pero poco a poco llegará el momento en que el nombrarlo sea algo como “Ah, miedo… ¡eres tú! ¡Qué interesante que aparezcas!”. Al abrirnos a experimentar las sensaciones corporales y pensamientos que lo acompañan, reconoceremos que esa energía puede transformarse y ser utilizada para superar el miedo, en lugar de luchar contra él.

También es cierto que el miedo es justificado en algunas situaciones. Y hasta puede salvarnos la vida. Precisamente este ejercicio de concientización del miedo nos permite reconocer sus mensajes y actuar apropiadamente, cuando la situación lo requiera. Esta conciencia amorosa del miedo y autocompasiva de las reacciones que nos provoca en mente y cuerpo nos permite aceptar sus mensajes y actuar con genuina sabiduría.

“Hacer las paces con el miedo abre las puertas hacia una verdadera libertad, hacia una vida mas plena, donde experimentaremos más confianza y amor.” Jack Kornfield.



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