Hagamos tregua a la guerra de deseos

Hagamos tregua a la guerra de deseos

¡Que vayas a bañarte!… ¡Recoge tu cuarto ahora mismo!… ¡NO te lleves eso a la boca!… ¡Esa camisa es ridícula ponte la que te dije!… ¡Que NO saltes en la cama!… ¡Te dije que NO!…

La mayor parte del tiempo los padres entablamos una guerra de deseos con nuestros hijos. Desde que son pequeños imponemos, damos órdenes y exigimos, en lugar de informarles con paciencia, de acordar, de comunicar aquello que nos pasa o esperamos de ellos y escuchar lo que nuestros niños, niñas y adolescentes tienen que decirnos, con el mismo respeto y consideración con que esperamos ser tratados entre adultos. Constantemente descalificamos las capacidades de comprender, elegir, opinar y sentir de nuestros pequeños.

¿Qué tal si hacemos una tregua a la guerra de deseos? ¿Qué tal si probamos una forma diferente de hacer las cosas? ¿Qué tal si a partir de ahora en lugar de apelar a un NO, decimos SÍ pero hasta aquí? ¿Qué tal si en lugar de imponer, regañar o dar órdenes, explicamos, informamos y ofrecemos alternativas permitiendo que el niño pueda elegir?

Por ejemplo:

  • “¿Quieres bañarte antes o después de cenar? o tal vez antes de bañarte prefieras acompañarme mientras preparo la cena y así nos contamos cómo nos fue durante el día” Además de ofrecer opciones, no hay nada más atractivo y estimulante (ni siquiera la TV o los video juegos) para un niño que ha estado todo el día sin ver ni vincularse con sus padres, que la oportunidad de obtener presencia, mirada, atención y afecto de sus progenitores.
  • “¿Qué te parece si cantamos tu canción favorita o jugamos a Blanca Nieves y los Siete Enanitos mientras ordenamos la habitación?” En lugar de dar sistemáticamente órdenes, vinculémonos a través del juego, la risa y la creatividad para motivar y construir en los pequeños el deseo natural de cooperar.
  • “Entiendo que quieras llevarte ese objeto a la boca, se ve bastante provocativo, pero es peligroso y te puede hacer daño, mejor prueba este que no te hará daño” Reconocer el deseo del niño aun cuando no podamos complacerlo, permite que se sienta tomado en cuenta y al ofrecerle opciones le enseñamos que la vida no es un vaso medio vacío, sino lleno de posibilidades.
  • “Veo que te encanta saltar, tenemos que ir al parque de juegos muy pronto para que te des gusto sobre el colchón de aire… o mejor bajemos el colchón al piso para que puedas hacerlo sin riesgo de caerte de la cama” Reconocer las necesidades legítimas de los pequeños (en este caso ejercitar su destreza de motricidad gruesa, gastar energía, divertirse, etc.) y abrir posibilidades para satisfacerlas, hará que se sientan seguros, felices y amados.
  • “Sabes que tienes libertad de ponerte la camisa que elijas siempre que esté limpia” Cuando ofrecemos alternativas y permitimos que nuestro hijo elija, logramos que se sienta empoderado, prevenimos confrontaciones, al tiempo que le enseñamos a fortalecer la confianza y la autoestima para tomar sus propias decisiones y desarrollar su libre personalidad enmarcada en el respeto y la empatía.

Los seres humanos, incluidos los niños, no respondemos ni con gusto, ni con placer a la coerción o a la fuerza. Mantengamos presente que para educar sin violencia es fundamental reconocer, nombrar y dar importancia a las necesidades y deseos de nuestros hijos, incluso cuando no podamos complacerlos. Esto hará que se sientan tomados en cuenta, amados y respetados. Los niños entienden todo si les explicamos con amor, respeto y paciencia.



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