¿Hambre o ansiedad?

El acelerado ritmo del día a día, el tráfico, las preocupaciones, las desavenencias… hacen que el cuerpo acumule altos niveles de estrés que traen consigo la indeseable ansiedad, esa que a su vez propicia el consumo impulsivo de alimentos, confundiéndose así fácilmente con la sensación de hambre. Pero nada más lejos de la realidad, no es lo mismo consumir nutrientes para satisfacer el apetito que consumir nutrientes de forma incontrolada para disminuir las tensiones, y este es el primer paso para deshacerse de los episodios de ansiedad: conocer cuál es la diferencia entre ésta y el hambre.

Puede decirse que como mecanismo adaptativo, la ansiedad es algo totalmente normal y no representa ningún problema de salud. Sin embargo, cuando es excesiva y no se puede controlar, representa un riesgo para la salud, ya que puede llevar a la práctica de acciones negativas, como comer de manera impulsiva, por ejemplo, y también manifestarse a través de la angustia, la desesperanza, la sensación de soledad, el mal humor, el nerviosismo, la inquietud y un estado de alerta constante.

Por su parte, el hambre es una sensación que indica estrictamente la necesidad de consumir alimentos. Se produce por grandes estímulos que ejercen ciertas sustancias sobre la corteza cerebral, y suele ocurrir cada cuatro o cinco horas.  Algunos aspectos diferenciadores importantes entre el hambre y la ansiedad son:

El hambre se manifiesta en diversos momentos del día: mañana, trascurso del medio día, noche y, con menor intensidad, a media mañana y a media tarde.

Cuando el hambre no se satisface a tiempo, la sensación puede desencadenar diversos malestares, como dolor de estómago, mareos, debilidad, dolor de cabeza, entre otros.

La ansiedad conlleva a ingerir alimentos aún y cuando no haya transcurrido un tiempo prudente desde la última comida realizada.

La mayoría de las veces, cuando se tiene un episodio de ansiedad suelen ser alimentos dulces o golosinas las que se ingieren.

Algunos consejos útiles para evitar comer impulsivamente a causa de la ansiedad son los siguientes:

No saltarse el horario estipulado para el desayuno, el almuerzo y la cena.

Merendar frutas, galletas integrales, frutos secos, gelatina, yogur, entre otros nutrientes bajos en grasas y azúcar.

Reducir el consumo de bebidas alcohólicas.

Dormir las horas debidas para un óptimo descanso (entre siete y nueve diarias).

Realizar ejercicios que ayuden a relajar el cuerpo y la mente, como el yoga, la meditación, el tai chi, o simplemente dedicar unos minutos a caminar con tu mascota o a trotar en el parque. Es muy cierto: conectarse con la naturaleza ayuda enormemente a liberar las tensiones. Siguiendo estas recomendaciones, poco a poco, los momentos de ansiedad serán controlables y no repercutirán negativamente en la integridad física y mental del ser.

 



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