¿Has sentido resaca emocional?

¿Has sentido resaca emocional?

La resaca emocional es un malestar que se siente después de una experiencia emocional fuerte. Puede durar minutos, horas, meses e incluso años dependiendo del tipo de experiencia y, en especial, de la forma en que la persona afectada lo maneje.

Puede ocurrir por distintas situaciones siempre y cuando se asocien a una fuerte carga emocional: esa discusión donde dijiste cosas de las cuales te arrepientes; ese beso que diste y no quisiste dar; hechos violentos ocasionados por otros o por ti; un despido; un choque; el dolor de una pérdida, así como cualquier cosa que haya ocurrido que te haya ocasionado una fuerte sacudida emocional. Resalto este último punto porque sin esa descarga no hay resaca, no hay recuerdos intensos, porque son precisamente las emociones las que te producen los recuerdos más duraderos.

Es tan fuerte el impacto de este tipo de resacas que pueden producir consecuencias en la salud como dolor de cabeza, de estómago, agotamiento, lo que a su vez puede repercutir en mayor alteración emocional como estrés, rabia, miedo, depresión, ansiedad e incluso ataques de pánico.

Esta alteración emocional, por su parte, puede incidir (y lo más seguro es que lo haga) en nuestra percepción de la realidad donde puede llegar a verse todo negro, todo peor, y así entrar en un ciclo donde se potencia la resaca y se prolonga en el tiempo.

¿Cómo enfrentar y superar las resacas emocionales?

Primero lo primero, necesitamos tomar conciencia de que somos humanos; que nos equivocamos; que las reacciones de otros o las nuestras no siempre son las más adecuadas, y ese es el precio a pagar por vivir y aprender y ¿sabes?, esto está bien, es normal.

Entender que una experiencia negativa no quiere decir que tu vida sea negativa y que todo está mal; que desde el amor todo se puede enfrentar y superar, y si no se puede, pues no hay tanto amor y es mejor saberlo ahora que después; entender que pedir disculpas si fuere el caso te engrandece, y que eso que pasó no tiene por qué hundirte a menos que tú lo decidas así.

Comprender que darle vueltas a esos pensamientos en tu mente una y otra vez es similar a una forma de autotortura. Lo que pasó, pasó y no hay marcha atrás, es decir, aceptarlo es el punto de partida para dejar ir la resistencia ante lo sucedido, una resistencia que no tiene sentido a menos que desees autoflagelarte.

Después de aceptarlo, hay que comprender que de las experiencias se debe crecer. Está bien si duelen, pero quedarse en el sufrimiento no resuelve nada, al contrario, lo empeora. Debes colocarte tu armadura para enfrentar el masoquismo de recrear esos pensamientos negativos y sustituirlos por pensamientos reconfortantes; rodearte de quienes quieres y te quieren; distraerte con actividades que te gusten; rezar si crees en el poder de la oración, y, sobre todo, comprometerte a superar y dejar ir. Perdonar bien sea a quien nos lastimó o a nosotros mismos por lo que hicimos. Conversar, drenar con alguien que pueda comprender y que haya pasado una situación similar puede ser muy beneficioso.

Muchas veces sobredimensionamos situaciones y nos ahogamos en un vaso de agua, o nos sobreexigimos sin entender que errores o situaciones adversas no solo las vivimos todos, sino que en el transcurrir de la vida nos toca enfrentarlas una y otra vez.

“Las heridas emocionales son el precio que todos tenemos que pagar para ser independientes”. Haruki Murakami



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