¿Hasta dónde puede llegar el sufrimiento?

Ser hermoso significa ser tú mismo.

No necesitas ser aceptado por otros.

Necesitas aceptarte a ti mismo

Thich Nhat Hanh

 

Este texto no es una oda a la tristeza, tampoco una oda al sufrimiento y menos aún una invitación a rumiar una y otra vez nuestra desgracia. Tampoco tiene frases edulcoradas que se quedan solo en tu retina y, cuando menos lo piensas, estas rebotan como pelotas.

Estas líneas van dirigidas a las personas que pasan sus días con una tristeza profunda que puede o no tener una razón identificable (una pérdida de pareja o empleo, la muerte de un familiar o amigo, la situación del mundo cuyas acciones parecen estar diseñadas para aniquilar nuestro bienestar, etc.).

“¿Cómo es posible que dos personas sometidas a las mismas situaciones respondan de forma totalmente diferente?”, se preguntaba Victor Frankl[1] mientras narraba su vida en un campo de exterminio y observando a los prisioneros. El Dr. Frankl se dio cuenta de que las personas que aceptaban las cosas como eran y tenían una razón por la cual salir se mantenían con mejor ánimo a pesar de las condiciones infrahumanas que todos conocemos y en las que no voy a profundizar.

En esta vida, en estos tiempos, lo que está de moda es ponernos trajes de superhéroes: a los 15 años prometemos que no le daremos preocupaciones a nuestros padres porque vemos cómo sufren por nuestro hermano; si soy mujer y tengo un hijo, este se transforma automáticamente en otro indicador a mantener, además de los de la oficina, «tienes que estudiar y tienes que sacar tal o cual calificación, tienes que estudiar esta carrera». Otra típica: «¿por qué me dejó mi pareja si yo soy (agregue aquí el listado de virtudes que los demás se esfuerzan que tú entiendas)?», “seguro fue mi culpa” y comienza una larga como estéril lucha con un largo etcétera de razones donde seguro encontrarás una que te quede como un guante (pero que eventualmente te va a estrangular).

Puede que nos sintamos tristes en un momento determinado y por un tiempo breve. Esta es una señal saludable porque estamos asumiendo las cosas como son y las dejamos ir. Las señales de alarma comienzan cuando esta tristeza comienza a afectarte en tu rutina diaria y no eres consciente; simplemente “no tienes ganas de hacer X o Y”, ya casi no te relacionas y descuidas tu aspecto personal; aquí ya es momento de considerar solicitar una ayuda: dependiendo de la gravedad puede ser un amigo con quien hablar y que esté dispuesto a escucharte sin prejuicios y sin frases hechas (que sea capaz de ponerse en tus zapatos), puede ser un sacerdote, lama, imán, dependiendo de tus creencias religiosas o (la más recomendable) con un psicoterapeuta.

Dependiendo del tiempo que hemos mantenido el disfraz de “todo está bien”, puede darse un empeoramiento de la situación porque el enfrentamiento es inevitable: el disfraz ya no te queda y la omnipotencia se desvanece así como tus superpoderes, creando un desequilibrio hormonal en el cerebro, afectando los niveles de los neurotransmisores, los cuales trabajan sin que tú te des cuenta. En este momento es muy probable que tu cerebro necesite una ayuda para balancear nuevamente estos factores para retomar su normalidad, esta vez, sin disfraz. Volviendo a ti y a tu esencia.

Hay miles de opiniones (todas con buena fe), de tratamientos, de medicinas naturales o alopáticas. Incluso profesionales con poca o ninguna experiencia que te ofrecen la mano con la promesa de una curación rápida en una sesión. En mi experiencia (ruda, profunda, a veces confusa y muchas veces llevándome al límite de mi resistencia) eres tú contigo el que debe dar el primer paso y buscar esa ayuda en el camino. Aquietándote a través de la respiración consciente y tomando decisiones a partir de ese lugar que sabe más y mejor por qué estás aquí. La depresión es multifactorial y es necesario pelarla como a una cebolla para asegurar una sanación hasta lo profundo.

Nadie dice que será fácil, pero cuando salgas del túnel, habrá valido la pena.

Con todo mi amor y solidaridad.

[1] Viktor Frankl. El Hombre en busca de sentido 1946



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