¿Hay que perdonar cualquier cosa?

La acción de perdonar quiere decir “olvidar la falta que ha cometido otra persona contra ella o contra otros y no guardarle rencor ni castigarla por ella, o no tener en cuenta una deuda o una obligación que otra tiene con ella”.

Hemos leído tanto sobre la importancia de perdonar que en algunas ocasiones podemos sentirnos mal porque hay personas a las que no nos nace perdonar, personas con quienes jamás retomaríamos una relación, y hoy quizás puede que genere polémica, pero considero que no necesariamente tengamos que perdonar cualquier cosa… me explico…

Todos nos equivocamos, cometemos errores y esperamos poder ser perdonados. Si eso lo deseamos, debemos darlo porque la vida es una cadena de reciprocidades. Ahora bien, todo depende de la falta cometida, no es lo mismo perdonar a quien en un momento dado se dejó llevar por la rabia y te contestó mal para luego desde la tranquilidad ofrecerte disculpas, a perdonar, por ejemplo, a quien reiteradamente te fue infiel, a quien te golpeó, a un violador, etc. Es decir, hay errores de errores.

“Parece que si perdonamos somos buenos y si no lo hacemos, somos malos. No está permitido no perdonar. Surge, entonces, un sentimiento de culpa solo con pensar en la posibilidad de no perdonar; por no mencionar la presión social para que lo hagamos. Esa culpa o, mejor dicho, el miedo a esa culpa, va a hacer que, una vez llegados a la adultez, nos sintamos obligados a perdonar (en el sentido religioso de “borrón y cuenta nueva”) cualquier ofensa, en detrimento de nuestra salud mental”. “El perdón no significa que tengamos que volver a ver o a hablar con aquellos que nos han hecho daño en el pasado. Incluso podemos decidir no verlos nunca más”. Fuente: Ramón Soler mentelibre.es

El principal perdón que es beneficioso y necesario para una vida en bienestar es el perdón a ti mismo. Hay muchas víctimas que se culpan de lo ocurrido, como la persona violada que busca las conductas que ocasionaron que fuera violada, o la mujer golpeada que siente que quizás lo merecía, y esto es realmente torturador, porque la batalla se torna contra nosotros mismos.

Te doy algunos ejemplos:

Mas que perdonar a quien se burló de ti y no te amó (mientras decía que te amaba), perdónate tú por depender de la aprobación de un tercero para sentirte amado(a).

Perdónate la ingenuidad de continuar una relación con quien sabías que no debías continuar.

Perdónate el seguir en un empleo que definitivamente no te satisface y del cual desearías escapar.

Perdónate por no haber tenido el valor de decir basta.

La onda de la «nueva era» dice que tenemos que perdonar todo y algunos más extremos, incluso, se atreven a decir que todo lo que nos pasa es nuestra responsabilidad. Personalmente difiero de esto, creo que lo somos si:

  1. a) a pesar de las señales (siempre están) nos hacemos la vista gorda;
  2. b) permitimos que continúe, bien sea por intentar e intentar que se produzca el cambio o
  3. c) por quedarnos enganchados en la venganza.

No es sentirnos responsables de todo lo que nos pase, pero entender que sí lo somos de la forma como reaccionamos ante lo que nos ocurre.

Para que ocurra el perdón sanador  lo primero es aceptar lo sucedido más que intentar cambiarlo; comprender que cada quien da lo que puede dar en función de su historia, vivencias y aprendizaje, y que siempre habrá algo que aprender de lo vivido y, una vez analizado e incorporado dejar ir a ese ser que te hizo daño sin ningún afán de venganza, que siga su proceso mientras tú sigues el tuyo. Es decir, tu esfuerzo debería centrarse en permanecer en bienestar y tener la conciencia tranquila más que embarcarte en un deseo de venganza o acumular resentimientos porque eso más que hacerle daño a la otra persona te lo hará a ti.

Para finalizar, quiero dejar claro que esta reflexión para nada pretende ser una invitación a no perdonar, al contrario, el perdón engrandece y regresa a nosotros, pero como dije al principio, hay faltas de faltas, y si en la vida te encuentras con procesos muy dolorosos que lesionan la confianza e impiden que puedas regresar a una relación con el agresor, entonces, acepta, comprende y deja ir, no te lesiones responsabilizándote, pero sí crece con el aprendizaje que te dejó para evitar que vuelva a ocurrir en el futuro



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