Hijos perfectos o hijos felices

La mayoría de los padres quieren que sus hijos sean los mejores en algo para tener éxito en la vida, pero algunos lo llevan al extremo. Existen padres que pretenden que sus niños sean perfectos, como robots que han sido programados para hacer y decir lo que ellos quieren y desean en cada determinado momento. Pretenden que los niños no den problemas, que se porten bien en todo momento, que se lo coman todo, que obedezcan a la primera, que ni se les ocurra quejarse, que hagan la tarea solos…,  y no nos olvidemos de que tienen que ser estudiantes de A y «número uno» en las actividades extraescolares. ¡Imagínate! con el dineral que cuestan. ¡Pues vaya que tienen que ser perfectos! Parece que los padres en ocasiones, quisieran cumplir sus sueños a través de sus hijos. Quién no ha visto en alguna ocasión a un padre en el campo de fútbol gritándole a su hijo: «Carlos, ahora, ahora, ¡chuta!» o diciéndole: » Pero Carlos defiende…, vete para el otro lado» . Y no nos olvidemos de la madre que está en la clase de Ballet con su hija y lo único que hace es enfadarse mientras la observa porque no lo está haciendo bien y empieza a interrumpir gritándole: «Ana, concéntrate, fíjate bien, ¡tienes que tomártelo más en serio!». Más en serio…, ¿acaso la niña quiere ser una bailarina profesional? Quizás…, o quizás la madre quiere que lo sea.

balletEn los casos en que los padres exigen tanto lo pasan mal ellos y los niños. Los padres, porque marcan expectativas con sus hijos que quizás nunca se cumplan y eso les causa una decepción que no es justa para los hijos. Estos padres no han llegado a entender que los niños llegarán a ser lo que puedan o lo que quieran ser. En el caso de los niños, se les exige un nivel tan alto que en ocasiones se les hace imposible alcanzarlo debido a que no tienen la capacidad o la inquietud para lograrlo. Lo triste en este dilema es que los niños crecen frustrados por no saber qué hacer para contentar a sus padres y lo que ellos no saben es que hagan lo que hagan nunca será suficiente para sus padres, ya que el problema no son ellos,  sino ¡los padres!.

Presionar a los hijos para que sean los «mejores» les afecta negativamente. Pero todavía es peor compararles con otros niños que son mejores en alguna actividad. Las comparaciones son antipáticas e injustas, ya que cada uno destaca en lo que destaca. La comparación es un reproche sutil que envía a los hijos un mensaje de: «tú no eres suficiente» y seguro que no lo es., al menos no para sus padres.

Si crees que eres un padre que le exige demasiado a tus hijos, ponte en contacto contigo mismo y pregúntate: ¿Por qué les exijo tanto? ¿Por qué les presiono a que sean los «número uno»? ¿Qué gano con el éxito de mi hijo? ¿Qué carencias estoy cubriendo con el éxito de mi hijo?.

Es importante aprender y dejar que los hijos sean los protagonistas de sus vidas, decidiendo que hobbies quieren practicar y cuánto tiempo le quieren dedicar. Si no, no es un hobby para él sino un sueño que sus padres quieren realizar a través suyo. Tú ya fuiste niño, ¡ahora le toca serlo a el! Pregúntate si quieres… ¿un niño perfecto o…, un niño feliz?



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