Historia de domingo: Regala una sonrisa

Todos iban con sus pensamientos y parecía que lo único que compartían era el vagón de metro que los contenía. Pero no. Ella fingía no mirarte. Observaba la punta de su zapato. Estiraba el brazo para ver en perspectiva su mano extendida como una estrella. Se fijaba en cada una de sus uñas, como si allí estuviese escrito el secreto para controlar todo lo que sucedería ese día.

Pero, en realidad, ella te miraba. Pero no con los ojos, te miraba con la nariz. Adoraba tu olor de hombre recién bañado que camina con premura porque lo esperan “asuntos importantes que hacer en el centro”. Y tú siempre te fuiste sin regalarle una sonrisa, aprovecha hoy, seguramente estarás pronto a bajarte o a subirte en ese tren.



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