Homofobia ¡fuera!, porque no solo hay que abrir las piernas sino también la mente

La verdad es que creo que no hay mejor momento para hablar de tan tocado pero poco comprendido tema. Y es que desde hace varias semanas, hemos venido presenciando una serie de actos infrahumanos, indignantes y atroces contra la comunidad LGBT (y anexas) de Rusia, a partir de que el gobierno del presidente Vladimir Putin aprobara una ley que prohíbe cualquier tipo de propaganda homosexual así como actos públicos que dejen ver las preferencias de las personas gay en tal país.

Tal ley ha incentivado a grupos neonazi así como a personas terriblemente homofóbicas a cometer actos de abuso, discriminación, humillación y hasta violencia física contra integrantes de la comunidad, mismos que actualmente, pueden verse circulando por la red causando indignación en unos y orgullo en otros.

Sin embargo y a pesar de que la actual situación en Rusia es hostilmente abrasiva para los jóvenes que por amar diferente han sido arrestados, golpeados y ultrajados, este artículo no estará dedicado 100% a hablar de dicha situación pues creo que todos ustedes han estado más que al tanto de lo que ocurre en el frío  -y ahora retrógrado y cruel– país. Más bien en este artículo tomaré como referencia lo anteriormente mencionado para transmitir un mensaje que pueda ayudarnos a comprender que las preferencias sexuales de las personas no deben determinar el tipo de trato que nos brindemos unos a otros.

Y es que desde siempre ha sido  bien sabido que el hombre –gracias a tradicionalismos y educación-   teme y genera una arraigada aversión a todo aquello que desconoce y que no es habitual para él. Recordemos que desde pequeños aprendemos que lo que nos enseñan y vivimos es lo “normal” y lo que “debe ser” porque así nos lo inculcan, de tal manera que cuando ese “deber ser” se cambia con algo que llega y rompe el esquema que teníamos preconcebido y tatuado en la mente… lo rechazamos.

Lo mismo ocurre en la diversidad sexual. Desde siempre y a partir del momento en el que cayó el imperio romano y la iglesia comenzó a evangelizar y a tomar poder dictando lo que estaba bien y condenando lo que estaba mal, la diversidad sexual se etiquetó dentro de las cosas infernales y satánicas que debían ser erradicadas y mal vistas. Sin embargo y aunado a lo anterior, el hecho de que el mundo siempre ha crecido en una sociedad mayoritariamente heterosexual, ha contribuido al difícil proceso que desde entonces se ha llevado a cabo para que la homosexualidad se entienda como una vertiente más dentro de la diversidad sexual humana.

No obstante, yo siempre he dicho que la homofobia es algo que tiene que ver más con educación, ideas y criterios errados que se han venido inculcando de padres a hijos a lo largo de la historia y que inevitablemente tienden a repetirse bajo la sombra de la ignorancia y esa aversión ciega a lo que es diferente de lo habitual. Esto se debe a que como humanos tenemos ideas preconcebidas con las cuales prejuzgamos lo que creemos está mal solo porque no conocemos y ese es un error: creer que algo es malo solo por el simple hecho de no conocerlo o porque no es a lo que estamos acostumbrados.

Muchas veces al ver casos de crueldad, injusticia y trato infrahumano como los que se han dado en Rusia a la comunidad gay, sentimos indignación y hasta cierta impotencia porque a veces pareciera que no podemos hacer mucho desde nuestra posición, pero en realidad si se puede. Si tomamos como base que la homofobia es falta de información y mucha ignorancia, que generalmente se ve sustentada por tradicionalismos sociales y religiosos –la mayoría absurdos– e ideologías que se van inculcando de generación en generación, podemos ver que la solución es la información y ahí nuestros niños son pieza clave. ¿Los niños? Si, los niños.

Como adultos a veces pensamos que los niños no entienden muchas cosas del mundo que les rodean y mucho menos de las cuestiones de “gente grande”, pero se nos olvida que ellos son excelentes oyentes y observadores. Todo lo ven, todo lo aprenden, todo lo registran. De tal forma que es en la infancia en donde hay que empezar a inculcar las bases para desarrollar un buen y amplio criterio que permita que las ideas retrógradas, erradas y prejuiciosas en torno a la diversidad sexual, sean erradicadas paulatinamente.

Desde luego que lo anterior requiere de muchos factores para su buen cumplimiento; principalmente buenos educadores –padres, maestros, hermanos, tíos, nosotros mismos como homosexuales etc.- pues eliminar la homofobia es una labor que llevará tiempo pero que valdrá la pena, pues cuando entendamos que antes de ser homosexuales, lesbianas, heterosexuales, transexuales etc., somos seres humanos y por ese simple hecho debemos de respetarnos y apoyarnos, el mundo comenzará a sincronizarse en una onda más armónica pues ya no estaremos supeditados a las etiquetas por tal o cual preferencia sexual, sino más bien al simple hecho de que todos somos seres sintientes. Por eso este artículo es un llamado a todos aquellos de mente abierta para que hagan patria y eduquen a un homofóbico; no importa quien sea, puede ser el padre, la madre, los hermanos, los amigos, quien sea pues el mundo no está obligando a eso.

Finalmente y como dice el budismo, todo ser sintiente sobre la faz de la tierra tiene derecho a ser feliz, esa es la única meta sin importar las preferencias de nadie. Así descubriremos que también está rico de vez en cuando abrir la mente y no solo las piernas, para hacer de este, un mundo más justo y feliz para todos. Muuuua.

 



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