Infidelidad, un concepto que sería mejor cambiar por lealtad

La verdad es que hablar de infidelidad incluye muchos factores como los psicológicos y emocionales, entre otras cosas más complejas que no pienso tocar por su extensión y exceso de bla bla bla. Además es algo muy subjetivo pues todos la hemos vivido de diferente forma y en diversas circunstancias.

Sin embargo, tratando de ser objetivo con este texto, puedo decir que llevarla a cabo es tan fácil y sencillo, que de repente y como por arte de magia, todos nos hemos visto usando un lindo par de astas sobre la cabeza que pueden verse de aquí hasta Namibia por ojos morbosos y demás factores indiscretos.

¿Pero qué es la infidelidad? Muchos libros la reducen a la denominación -aplicada comúnmente en las relaciones amorosas- que damos al acto de establecer un vínculo amoroso extraoficial aparte del que se tiene con la relación oficial. Aunque en lo personal pienso que está sujeta a una serie de factores mucho más complejos, como por ejemplo, la poca estabilidad emocional de las personas o la instauración de la monogamia como norma social desde tiempos muy remotos, haciendo que todo acto que vaya en contra de ese concepto, caiga en infidelidad. No obstante, lo cierto es que a nadie le gusta portar ornamenta cual alces y mucho menos que jueguen con nuestros sentimientos, no tanto por la infidelidad en sí, sino por las consecuencias y emociones negativas que ello representa: inseguridad, baja autoestima, enojo, tristeza, depresión, confusión, traición, sentimiento de defraudación etc.

A lo largo de mi experiencia y las experiencias que la gente me ha compartido, he podido identificar un patrón de conducta y ciertas características propias de la gente que suele regalar a sus parejas “oficiales” un lindo par de cuernos. Estas caracteristicas incluyen, generalmente, una inseguridad del infiel para con su pareja. Es decir, los celos en proporción desmedida comienzan a ser parte de la relación. Y es que usualmente el león cree que todos son de su condición, por lo que usualmente, los infieles temen que su pareja les haga aquello que ellos mismos ya hacen a escondidas con otra persona.

Todo lo anterior me ha llevado a pensar que la infidelidad parte de una inestabilidad y confusión interna que busca ser atendida y se proyecta con los medios externos que encuentre a su paso, en este caso, personas. Además, siempre he dicho que la infidelidad no es más que la falta de lealtad y digo de lealtad y no de fidelidad porque la segunda es un concepto más fuerte y profundo, tiene que ver con convicciones y no con condiciones externas para que funcione. Sin embargo, mucha gente no entiende esto a la primera y como consecuencia, nos quedamos atorados en un círculo vicioso.

Yo la verdad es que no tengo nada en contra de la gente que gusta que le vean la cara, pero acuérdense que el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe. Y es que siendo sinceros, esto de la infidelidad no debería existir si desde el inicio uno es claro consigo mismo y tiene bien definido lo que se quiere de alguien y el tipo de relación que se quiere; de esa forma evitamos dar ilusiones, romper promesas y lastimar gente y corazones que tal vez nos habían dado un voto de confianza.

Entonces, si ya lo hemos entendido ¿cómo acabar con la infidelidad? No se puede terminar con la infidelidad como mal general del mundo, pues el trabajo es personal y tratar de hacer lo primero es como intentar orinar con una erección. Sin embargo, sí se puede evitar caer en ella si cambiamos la palabra infidelidad y su concepto por lealtad, ya que, como mencioné con anterioridad, es más poderosa y a diferencia de la fidelidad, no está sujeta a condicionamientos. Con lo anterior me refiero a que la fidelidad es un término que al analizarlo bien resulta ser superfluo y hasta sobrevaluado, porque se da como moneda de cambio siempre y cuando nuestra pareja cumpla con ciertos condicionamientos emocionales y afectivos para con nosotros y la lealtad es diferente.

Verán, digo que es diferente porque cuando se es leal a algo o alguien que lo merece, se es sin importar lo que sea y por sobre todas las cosas. Un ejemplo claro de lealtad es la que se tiene con la familia, pues a la familia no se le es fiel sino leal, ya que a pesar de los enojos y discordancias que a veces se pueden dar, nunca serán motivo suficiente como para cometer traición y retirar la lealtad.

Lo mismo debe pasar en las relaciones de pareja. Debemos cambiar nuestra fidelidad a la pareja por lealtad, porque la lealtad solo puede pagarse con lealtad pues su base en un vínculo afectivo sólido y desinteresado, de tal forma que no hace falta nada más. De forma contraria, la fidelidad se puede pagar con una serie de condiciones que mientras se cumplan, nos aseguran su estancia, pero cuando se dejen de cumplir, se irá.

Entonces, con lo anterior, vemos que de cierta forma la lealtad termina con la infidelidad pues ya la fidelidad la hemos transformado en algo más profundo y fuerte. Desde luego que ser claro con uno y con el otro sobre lo que se quiere para evitar expectativas y malentendidos complementa bastante, porque aunque lo prohibido tenga un sabor excitante y retador, es una pobre justificación ante la incapacidad que se tiene para terminar un ciclo y poder iniciar otro. Por eso ser infiel o mejor dicho desleal, resulta tonto cuando vemos que es más sencillo terminar una relación y ya en la soltería poder hacer y deshacer a nuestro antojo. En cambio, al volvernos leales a la persona que elegimos y no fieles, estamos alejando considerablemente las posibilidades de ir a buscar en otro lugar lo que en casa se tiene, pues ante la lealtad de alguien no se puede ser indiferente ni mucho menos pagar con algo que no sea la mismo. Eso asegura una relación más sólida que perpetúe el amor.

Ahora que sí son de esas personas que consideran que no nacieron para el compromiso con uno solo, es simple: no ilusionen ni se comprometan. Manténganse a la raya del noviazgo, de esa forma evitarán dar explicaciones y desgastarse de manera inútil por el simple capricho de querer probar lo prohibido.

Recuerden que como dice la canción: “No debes tener dos amores, es muy complicado besar en dos bocas”. Y cuánta razón tiene ¿no? Muuuuua.

 

 



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