Integrar al padre

Tenía 5 años cuando mi padre se fue de casa. Iba con su camisa de rayas manga corta: era impecable para vestir, siempre tuvo esa elegancia y formalidad que caracteriza a algunos militares.

No recuerdo discusiones en casa, y eso lo agradezco. Solo recuerdo su ida, sus maletas y hoy por hoy pude haberle recriminado formando parte del grueso de personas que ha pasado por esto. Lamentablemente las estadísticas de «abandono paterno» no son alentadoras en Latinoamérica. Mi padre se fue y para colmo tampoco regresó o mantuvo contacto.

Hoy con humildad reconozco que me faltó integrarlo a mi vida. Y si uno no integra al padre… vaya es más grave de lo que uno imagina. Hace mucho daño esa frase de algunas mujeres «soy madre y padre» porque en la vida de un ser las dos energías son necesarias, no importa si solo recordemos al padre porque nos dio la vida, honrarlo por eso podría ser tan sanador…

Pasé muchos años peleada inconscientemente con la energía del padre, sin integrar su fuerza en mí, con los recuerdos en nebulosas, dando tumbos que luego, queramos o no, se reflejan en las relaciones con los demás.

bebe papaHasta que un buen día entendí que mi padre solo aprendió del suyo y que hay comportamientos que van de generación en generación. Fue su proceso y aún temiéndole, como él le temía a las relaciones, a la estabilidad, al matrimonio, tuvo el valor y me tuvo a mí por amor. Escogí quedarme con ésto. Honrarle por esta maravillosa decisión que me trajo hasta aquí.

Estaba en Canadá en el 2009 en un viaje de intercambio cuando inexplicablemente sentí una tristeza grande. Lloré y le recordé y le decía al viento: «Papi, no tengo nada porqué perdonarte». Esa noche me informaban que mi padre había pasado de plano. Y supe que él se había despedido, que las distancias no existen, que el Amor se queda en nosotros.

Integrar al Padre es un paso transformador. En lo personal, me ayuda comprender a los hombres de esta época, entiendo sus retos, comprendo sus miedos y los esfuerzos que hacen por entender a las mujeres de esta generación. En los últimos años, hombres y mujeres hemos cambiado y estamos en el tránsito de encontrarnos los unos con los otros.

Pude escoger quedarme en la rabia, creerme el abandono, hundirme en la tristeza. Pero no. Escojí ser diferente. Ya mis padres, abuelos, bisabuelos y ancestros pagaron un alto precio. Pude elegir un destino distinto, atraer otras energías. Decidí honrar a mi padre y recordarle con amor porque él vive en mí.

Pero si tú que me lees eres Padre o vas a serlo, recuerda bien que tienes la milagrosa oportunidad de dejar tu huella, de modelar a un ser para hoy y el futuro de una sociedad que va a cambiar como dice un gran amigo mio, si cada quien asume su rol con verdadera entrega y compromiso. Los hijos de hoy son los constructores y grandes protagonistas de mañana, ¿qué estamos cosechando? Somos responsables de su formación, una maravillosa manera de aprender y amar. Nunca es tarde.



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