Intuición y crianza

Cuando mi hermanita nació, recuerdo que quería con todas mis fuerzas meterme a la cunita con ella y dormir siempre con ella, pero no me dejaban, eso no estaba permitido.

Fui al pediatra y me dijo que desde los tres meses le diera fruticas, tanto que me costó darle el seno y ahora esto, le dije a mi esposo que no estaba de acuerdo, pero debo volver a trabajar.

Solo me provoca abrazar y abrazar a mi bebé, pero eso no lo dejará ser independiente.

Cuando voy de visita a mi casa paterna, mi sobrinita solo quiere estar conmigo, claro, allá nadie la abraza.

Estas frases son más comunes de lo que se piensa, y provienen de personas de las que nunca esperaríamos comentarios “sensibleros”. En realidad, las extraigo de hombres y mujeres que en las sesiones de coaching se han des-cubierto en un rol de maternidad/paternidad que les hace re-conocerse en sus actuaciones.

La intuición no es un objeto solo alcanzable en los altos Himalayas. Nos sucede cada día, cuando deseamos no entrar a un lugar, cuando “adivinamos” que esa llamada era para nosotros. En la crianza y el embarazo es súper importante, pues la comunicación con el nuevo ser no es verbal y sus ritmos y necesidades son hermosamente caóticos y no parametrizables (aunque algunos manuales y “especialistas” crean lo contrario).

No se trata de adivinar, sospechar, deducir o conocer. Es un acto que las neurociencias aún están por explicar, pero que implica, eso sí, por un lado desprenderse de los automatismos del pensamiento lineal y racional, y por el otro una profunda FE en lo que sentimos, para no subestimarnos y dejarlo ir.

Eso es lo que pide nuestro bebé, fundirnos con él/ella en ese espacio que no conoce de barreras impuestas por paradigmas epocales. Lo potenciamos mediante yoga, meditación o, simplemente, escucha y entrega en el momento de maternar/paternar. La intuición también es un rapto sagrado de la realidad, en el que los pequeños que criamos son grandes maestros. Danza con ella.

 



Deja tus comentarios aquí: