Invencibles ante el terror

La matanza del domingo en Orlando fue espantosa. Un acto de terror, un ataque contra la libertad, la diversidad y la humanidad. Lamentablemente fue un eslabón más en la sangrienta cadena alimentada por el radicalismo, el odio y la ignorancia. Los eslabones de esa cadena no están solamente en Estados Unidos, porque la verdad, esta es una cadena que aprisiona al mundo entero: guerras civiles, guerras sectarias, guerras religiosas, guerras antidrogas, guerras ideológicas, guerras sin nombre…

Orlando ha sido otro síntoma, letal, cobarde y abominable, del oscuro poder del terror cuando se cree justificado. Cuando una persona, un grupo, una sociedad, llega a justificar la muerte como un camino para defender sus causas. Omar Matten no aparece de la nada (era un desequilibrado, un psicópata, no hay dudas) sino que se nutre del discurso del odio como recurso para enturbiar mentes y corazones. Algo similar a lo que ha sucedido con todos los otros atacantes que han disparado contra niños, ancianos, minorías y viandantes. Son gente que ha convertido el odio en el aire que respiran, hasta asfixiarse. Y luego, muerta la razón, la compasión, la ética, salen a disparar como zombies.

¿Cómo vencer el terror? No concediéndole la victoria, es decir, no dejando que el terror se apodere de nuestro corazón.

Luego de cada ataque, sea en Orlando, París, Zliten (Libia), Bagdad, Ouagadougou (Burkina Faso) o Bruselas, lo que esperan los radicales es que la sociedad se paralice. Así creen que, presos todos del terror, la reacción será de pánico y odio. Su victoria, piensan, está en las muertes directas que causan, pero además, en robarle la normalidad de sus vidas al resto de la comunidad. Además de matar, desean crear divisiones, destruir instituciones y promover a otros grupos radicales (a favor y en contra) para que salten al campo de batalla y secuestren el orden social.

En una sociedad presa del terror, activada por el miedo, la conciencia se nubla con facilidad. Un claro ejemplo son las redes sociales: luego de un atentado se desata un debate apasionado que en muchas ocasiones desemboca en juicios destemplados, prejuicios a quemarropa, manifestaciones de xenofobia, racismo o simple odio. Cuando la violencia del tiroteo se cuela en el discurso público y privado los terroristas han asestado otro golpe. Lamentablemente.

La matanza de Orlando es condenable, Omar Matten fue un criminal. Pero la respuesta a su crimen no debe ser una espiral de violencia porque ese remolino nos arrastrará a todos.

Somos invencibles ante el terror cuando podemos responder con firmeza pero sin odio. Cuando podemos denunciar los abusos sin cometer más abusos. Cuando podemos hacer de la compasión un arma mucho más poderosa que un rifle automático. Y claro, seamos realistas, cuando podemos actuar para desactivar a los radicales que promueven el terror.

Dejar que el terror y la violencia se meta en nuestras vidas, en nuestras palabras y pensamientos, es concederle la victoria a quienes creen que no hay otra verdad que la que pregonan ni otra manera de vivir que no sea la que desean imponer al resto de la humanidad.

Presta atención a lo que dices, escuchas y observas en estos días. Posiblemente puedas detectar las semillas que el terror ha regado. No las alimentes, y mejor aún, arráncalas de raíz.

Somos invencibles ante el terror cuando nuestra conciencia está alineada con el respeto a la vida, el amor al prójimo y la compasión ante las víctimas. Esta es una fuerza que debilita, asila y vence a los terroristas.

By Fibonacci Blue from Minnesota, USA [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons



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