Jamie Oliver: ¿un chef verdadero?

En el año 1994 el chef inglés Marco Pierre White obtenía su tercera estrella Michelin (máxima clasificación otorgada a los restaurantes en Europa), ingresando no solo a un selecto club que no pasaba de la media centena, sino convirtiéndose en el chef mas joven de la historia (para entonces tenía 33 años) en lograr la hazaña. Tres años después otro jovencito inglés de 22 años llamado Jamie Oliver estrenaba el programa de televisión «Chef al desnudo» (The naked chef), asentando los cimientos de un imperio mediático alrededor de la gastronomía. El primero pasaría a ser el enfant terrible de la cocina con su actitud descuidada y boca mordaz. Marco Pierre WhiteEl segundo, de inmediato en el modelo de esposo que toda madre inglesa soñaba para su hija. Al primero se le perdonaba todo porque, aunque son muchos los chefs que asumen la mueca de perenne actitud malcriada, son pocos los que tienen el nivel intelectual para no volverlo morisqueta, y eso se agradece. Al segundo se le perdonaba todo por simpático. Rolling Stones versus Beatles. La eterna dicotomía de los genios que siempre termina por ser un par de trenes que colisionan, con su carga de adeptos como pasajeros. Chocaron los trenes cuando recientemente Marco Pierre White soltó lapidario un: «Jamie Oliver no es un chef verdadero«, y detrás de su picante frase siguió la carga de un montón de acólitos que no terminan de acostumbrarse a los profundos cambios que ha sufrido el oficio de cocinero en la última década. No solo en cuanto a la variedad de nuevos espacios -mas allá de los restaurantes de siempre- en donde su influencia se deja sentir, sino en la percepción misma del público. Para la cocina este es un período de transición (como lo pudo haber sido el cine para los siglos de experiencia teatral) y es natural que muchos lo resientan. Probablemente, el cambio más dramático que ha sufrido el oficio de la cocina ha venido de la mano de su masificación, gracias a la democratización de la información, históricamente guardada en bóvedas de tradición y entrenamiento, e indudablemente los medios masivos de comunicación han sido el vehículo para lograrlo. Nada que no haya pasado con todas las disciplinas, desde la críptica física cuántica hasta la ópera, poco conocida de manera masiva hasta hace poco. Negarle título a un cocinero por el hecho de no estar ceñido a los cánones tradicionales y no escritos del oficio es una sandez a estas alturas, que solo trasluce la nostalgia conservadora de quien así lo afirma. Discutir si alguien que ha construido su plataforma gastronómica desde medios masivos es Chef de verdad, es un asunto estéril imposible de zanjar por razones generacionales. Con absoluta seguridad ni existirá como tema dentro de una década. El enfoque, alcance y naturaleza de las profesiones evoluciona y esa es una fuerza indetenible.

Jamie Oliver

El caso es que Jamie Oliver ha construido un imperio gracias a un olfato sobrenatural para entender las necesidades del público de a pie -el no especializado- y una capacidad excepcional, tanto para predecir el alcance de nuevas tecnologías, como para transmitir conocimiento de manera pragmática. Por él hablan números que colocan sus programas de TV, página web y descargas de aplicaciones para móviles, como los mas vistos o visitados en la esfera gastronómica… Y por él habla la trascendencia que desde las altas esferas (nos referimos a presidentes de naciones) está teniendo su proyecto Food Revolution que busca marcos legales que obliguen a los estados a garantizar enseñanza gastronómica y una dieta correcta en los colegios de primaria. Sobre todo conciencia para alejar a esas niñas y niños de la permanente presencia de estímulos que los inducen a comer incorrectamente, hasta convertirlos en los enfermos del futuro. De esta revolución hablaremos en un próximo artículo.

Si alguien logra contribuir de forma notable para que una mayor cantidad de gente ame a la cocina como vehículo de placer, aprenda a cocinar y, sobre todo, entienda que a través de los alimentos es posible sanar alma y cuerpo, tiene mi admiración irrestricta. Siendo honestos, a estas alturas poco importa si algún sesudo conocedor decide en medio de un delirio intelectual poner en duda la naturaleza profesional del chef inglés. El grado de su contribución es tal, que su legado estará asociado al nombre y apellido de este joven de 36 años, más que al título que deseen endilgarle. La historia de Jamie Oliver probablemente será escrita por niños que en este momento viven una no tan silenciosa revolución gastronómica en las aulas que frecuentan día a día en donde el discurso del chef inglés cala, o desde las pantallas desde donde observan un mundo posible, gracias a su generosidad para compartir información.



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