Karma: ¿estamos determinados por nuestro destino?

Karma: ¿estamos determinados por nuestro destino?

Habitualmente escuchamos a las personas decir que tienen un “mal karma”, que están “marcados por un karma negativo” o, aún peor, determinados por eso que llaman karma y que sería algo así como el destino prefijado.

Se lo enlaza con la astrología, con horóscopos varios o simplemente con ideas extraídas del imaginario popular. Es tan vago pero tan extendido su uso, que todos creemos saber de qué hablamos cuando decimos “karma” pero ninguno lo entiende demasiado.

Sería conveniente explorar el sentido real del concepto en el ámbito de la psicología budista, tal como la enseñó el propio Buda: como la ley universal de causa y efecto.

El Karma, lo que está realmente bajo nuestro control

La palabra Karma proviene del sánscrito, y la usada en la época del buda, en el idioma que se utilizaba (pali) era Kamma en realidad.

Este concepto fue creado por él para describir la forma de salir del sufrimiento, el cual es producto no de la casualidad sino de la causalidad.

Recordemos que el sufrimiento es el “agregado mental” que nosotros sumamos al dolor de nuestras vidas, es decir, aquello que como reacción psicológica oponemos a lo que no podemos controlar y nos genera malestar, incomodidad, incertidumbre, entre otras cosas.

Karma significa literalmente acción: nuestras acciones son la causa de lo que experimentamos. Como dice William Hart: “Todos los seres heredan sus actos, emanan de sus actos, están ligados a sus actos, sean viles o nobles: así serán sus vidas”.

En otras palabras, todo lo que encontramos en el camino de nuestras vidas es resultante de nuestras acciones, somos plenamente responsables de aquello que nos toca vivir. Si nuestras acciones (incluyendo los pensamientos) son negativos, desconectados de nuestras emociones, producirán sufrimiento. Si por el contrario nuestras acciones son puras, impecables y existe conexión plena mente-corazón, seguramente seremos mucho más felices.

Tres tipos de acciones

Aclaremos algo: el karma hace referencia, en realidad, a “lo que hacemos con lo que nos ocurre” y no a lo que “nos ocurre”. Es decir, no nos excluye de padecer pérdidas, duelos, cambios dolorosos y todo lo demás. En realidad, cuando podemos abrazar con plena aceptación nuestro sufrimiento de seres humanos vulnerables, estamos generando una cadena causal de bienestar y felicidad. Cuando reaccionamos negando o luchando con aquello que nos oprime o lastima, estamos generando una cadena causal de malestar y sufrimiento.

¿No es triste ver acaso cómo tantas personas se enredan en pequeños infortunios o sinsabores cotidianos y escalan emocionalmente en forma negativa durante un día? Este accionar lleno de ignorancia conduce inevitablemente a una sucesión de experiencias que podemos llamar sufrientes y que nos hacen más y más miserables.

En la creación de la causalidad participan tres tipos de acciones: físicas, verbales y mentales. Para el Dharmma o ley de la naturaleza según el Buda, las mentales son las más importantes, ya que configuran la Intención, verdadero factor que determina la dirección de nuestros actos. “Un cirujano utiliza su escalpelo –dice Hart- para realizar una operación urgente de vida o muerte que no tiene éxito y el paciente muere; un asesino utiliza una navaja para matar a su víctima a puñaladas. Las acciones son físicamente semejantes, pero mentalmente son polos opuestos. El cirujano actúa movilizado por la compasión, el asesino llevado por el odio”.

En la palabra, la intención también es clave: lo que digas estará signado por el sentido profundo de tu corazón. Puedes ser muy amable pero herir. Puedes ser algo torpe pero causar ternura, si la intención es noble.

El verdadero Karma entonces, es la acción mental, la intención, y ella es la causa que dará resultados en el futuro. En base a esto, el Buda anunció:

“La mente precede a todos los fenómenos la mente es lo que más importa.

La mente lo produce todo.

Si con una mente impura hablas o actúas

Entonces el sufrimiento te sigue,

Como la rueda del carro sigue la huella del animal uncido.

Si con una mente pura hablas o actúas,

Entonces la felicidad te sigue

Como una sombra que nunca se separa”

Crear nuestro Karma positivo

El camino para poder entonces generar una cadena causal feliz, para poder construir una vida virtuosa, es reducir la reactividad de nuestra mente y mantener una intención noble en nuestros actos.

La reacción es la acción que se intensifica a cada momento frente a diferentes estresores, haciéndonos más vulnerables. Salir de ella es responsabilidad de cada persona, y la práctica contemplativa que nos enseña a parar, detenernos y observar con plena atención y corazón abierto, es un gran camino en tal sentido.

Entrenar nuestra mente para salir del sufrimiento y construir una existencia feliz, causalmente feliz, deliberadamente feliz, está en nuestras manos. Mejor dicho, en nuestras mentes.



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