Kilómetros x Alegría: la apuesta por la vida

“¿Para qué el cáncer?”. Esta fue la pregunta que se hizo Emilia, una joven madre de 34 años cuando le tocó asimilar el golpe de temido diagnóstico médico de que tenía un tumor maligno en su mama derecha. En vez de autocompadecerse  y preguntarse el eterno “¿por qué a mi Dios?”, ella decidió transformar esta dura experiencia por la que atraviesan millones de mujeres en el mundo, en un vehículo para ayudar a centenares e incluso miles de personas, que como ella, padecen este mal,  a través de una iniciativa que reemplaza el miedo por un sanador espíritu de competitividad.

“Kilómetros X Alegría” es una organización sin ánimos de lucro, que nace del principio mens sana in corpore sano, en donde el ejercicio físico y la alimentación saludable, no sólo son dos aliados excepcionales en el tratamiento contra el cáncer,  sino una herramienta para que los pacientes se despojen de la etiqueta de “enfermo”, con el fin de programar su conciencia para que se traten y se vean así mismos como personas santas, independientemente de las secuelas de la quimio, la radio o las cicatrices de las intervenciones quirúrgicas.

kxa.5Emi, como la llamamos cariñosamente los amigos, con la ayuda de su esposo, ha participado en varios maratones y apoyado diversas actividades deportivas, como el ciclismo, spinning o la natación, para que mujeres y hombres como nuestra protagonista, den su batalla contra el cáncer, pero no como una carrera a contrarreloj, sino como una de fondo, en donde con cada nivel superado, el cuerpo se va fortaleciendo y preparando para lograr un objetivo: la sanación.

Tal ha sido el impacto de “Kilómetros X Alegría”, que en Panamá, sede de este proyecto con alma de internacionalizarse, son cada vez más los luchadores, que junto con familiares, amigos y voluntarios, no reparan en cambiar el pijama por los zapatos de goma, con el fin de demostrarnos lo poderoso e infinito del espíritu humano y lo relativo de un diagnóstico médico.

Hace una semana Emilia cruzó con éxito la línea de meta al concluir su última quimioterapia. Un tratamiento que no le impidió correr religiosamente esos kilómetros que la libraron del miedo para llenarla de vida.

 

 

 

 



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