Kintsukuroi

Kintsukuroi

Japón es un país que ha estado sometido desde siempre a fenómenos naturales intensos como terremotos o tsunamis. Es por ello que para los japoneses el arte de reparar objetos forma parte de su cultura, y se ha hecho más vigente con los terremotos de Tohoku en 2011 y Kumamoto en 2016.

Cuentan que Ashikaga Yoshimasa, shogun que reinó en este país en el período Muromachi entre los años 1449-1473, necesitaba reparar sus cuencos de té. Por tal motivo los envió a China, pero el resultado no fue para él satisfactorio. Entonces, le confió el trabajo a unos artesanos japoneses quienes lo restauraron usando resina y polvo de oro. Al parecer, este hecho podría ser considerado como el origen del kintsukuroi.

El kintsukuroi o kingsugi es una técnica japonesa que intenta reparar las grietas de la cerámica utilizando laca, resina y polvo de oro, plata o platino. El principio de este arte japonés consiste en realzar las roturas y reparaciones partiendo de la idea de que ellas son parte de la belleza particular de un objeto. Las grietas y desperfectos forman parte de su historia. Mostrar en vez de ocultar.

Un objeto roto es símbolo de fragilidad, pero una vez reconstruido denota fortaleza y belleza. Cuando un objeto es reparado, es evidente que la percepción o apreciación de su belleza cambia, se valora el desgaste y la imperfección que produce el defecto reparado porque forma parte de su historia.

Esta empatía que se tiene hacia la estética de la existencia se denomina mono sin conciencia. Este último hace alusión a la sensibilidad por lo efímero, la conciencia de lo impermanente, transitorio y la tristeza que envuelve su paso.

Es factible que en el mundo occidental podamos subestimar o no darle justo valor a una pieza reparada con sus múltiples grietas visibles, pero la belleza de esta renace en el esfuerzo que tuvo el artesano que juntó de nuevo todas sus piezas para hacer de ella un todo de nuevo. Ahora, estas grietas forman parte de su historia que la hace más fuerte y única.

Toyotomi Hideyoshi, damio del período Sengoku en Japón, recibió un jarrón de su antiguo líder Tsutsui Junkei como muestra de su amistad. Un paje, por accidente, dejó caer el jarrón, y este se partió en cinco pedazos. Un poeta cómico que estaba presente, para evitar la furia de Toyotomi, y temiendo por el muchacho, se ingenió para crear en el momento un poema que unía el nombre de Tsutsui, la rotura del jarrón y otro verso famoso sobre el paso del tiempo. Esto hizo que Hideyoshi recobrara su humor, y luego el jarrón fuera restaurado y ahora se llamara Tsutsui zutsu, en referencia al poema. Este incidente permitió que el jarrón adquiriera un nuevo sentido de su vitalidad, belleza y se elevara su apreciación a nuevas alturas que aún puede ser valorada con el paso de los siglos.

Con este principio estético japonés puede hacerse una analogía con la vida a través de una óptica filosófica con el concepto de resiliencia. ¿Lo intentas?



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