La aceptación es sanadora

La aceptación es sanadora

Cuando recibimos un diagnóstico de cáncer, a menudo experimentamos un sentimiento de incredulidad, rabia y depresión. La psiquiatra suiza Elizabeth Kubler-Ross describe ésta como la primera de las cinco etapas que atraviesan los pacientes que son diagnosticados con una enfermedad grave: la negación. El paciente y su familia suelen pensar que se ha cometido un error y cuestionan el diagnóstico. En algunos casos los pacientes se quedan atrapados en esta primera fase y se niegan a aceptar el diagnóstico y sus consecuencias, y a hacer ajustes a su vida y a la de su familia. Esto limita su capacidad de adaptarse a su nueva realidad y en muchos casos influye negativamente en su tratamiento.

Aceptar que uno tiene una enfermedad no es sencillo. Asociamos la enfermedad con debilidad y vulnerabilidad. Pero detengámonos a considerar porqué nos relacionamos con las enfermedades de manera tan negativa. Las enfermedades son la manera en que nuestro cuerpo (y mente) nos hacen saber que algo no está bien. La enfermedad es una señal de alarma y las alarmas existen para darnos cuenta de que hay algún peligro. Normalmente antes de que se produzca una enfermedad grave como el cáncer, el cuerpo nos manda múltiples señales, pero frecuentemente nosotros las ignoramos porque vivimos en un modo de desconexión. En un mundo donde las redes sociales nos permiten estar conectados con tanta gente, cada vez estamos más desconectados de nuestro propio ser. No sabemos cuáles son nuestras metas, nuestros anhelos, nuestro verdadero significado y valor. Razonamos todo, pero estamos desconectados de nuestras emociones e instintos. Creemos que nuestro valor depende de nuestro trabajo, o del dinero que ganamos, o de lo que los demás piensen de nosotros. Nos acostumbramos a poner a nuestro trabajo, o nuestros colegas, o nuestros hijos, o nuestro esposo, por encima de nuestras propias necesidades. La falta de conexión con nuestras necesidades básicas, y la conciencia de lo que somos, es lo que nos lleva a postergar nuestro propio bienestar y salud, y en muchos casos ignorar por completo síntomas que de ser tomados en cuenta a tiempo, podrían permitirnos corregir un comportamiento que nos está haciendo daño.

Aceptar la enfermedad como un proceso que nos permite corregir los errores cometidos es una manera de conectarnos con nosotros mismos. Ver el cáncer como una oportunidad para aprender y crecer, nos ayuda a comenzar más pronto nuestro proceso de curación. La verdad es que no importa cuánto nos escondamos, cuánto queramos evadirlo o negarlo, cuánto nos mintamos a nosotros mismos, eventualmente la negación y rebeldía dan paso a la aceptación de la realidad. El cáncer es parte de esa realidad, no la que soñábamos, no la que esperábamos. Es probable que nos altere nuestros planes, o los de nuestra familia. Pero lo cierto es que está allí. Es LA realidad. Aceptarla no significa dejar de tener temor, o tristeza por lo que está atravesando. El dolor y el miedo son sentimientos que forman parte de nuestra naturaleza humana, y para poder ser realmente positivos y proactivos al enfrentar la enfermedad, debemos comenzar por aceptarlos como parte del proceso. Aceptar simplemente significa que has tomado conciencia de que el cáncer está allí, y es una parte de tu vida, una nueva forma de normalidad.

Cuando tomas la decisión de aceptar, te das cuenta de que es una actitud sanadora para muchos aspectos de tu vida. Nos permite un espacio de reflexión e introspección, y nos da una nueva perspectiva. La vida no es buena o mala, depende de nuestra actitud el convertir cada cosa que nos sucede en un drama o en una oportunidad de crecer y cambiar. Te invito entonces a aceptar tu enfermedad, a mirarla a los ojos, de frente y darte permiso para vivirla. No tienes nada de qué avergonzarte. Aprovecha la oportunidad para conectarte contigo, con tu valor como ser humano, con las bendiciones de tu vida.



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