La ayuda emocional: ¿nos convertimos en problema o solución?

Cuando alguien cercano tiene un mal momento es lógico que queramos saltar a darle apoyo para que así pueda sobrellevar la situación que afronta. Muchas veces vamos por la vida como ambulancias o como carros de bomberos… ¡al rescate! Siempre actuamos con la mejor y más noble intención, pero a veces no estamos tan claros nosotros mismos e inconscientemente nos podemos volver más problema que solución.

Cuando un ser querido pasa por alguna situación no deseada, hay que tomar primero en cuenta, antes de adentrarnos en dicho conflicto, si la persona requiere de nuestra ayuda o somos nosotros los que estamos forzándolo a recibir dicho “auxilio”. Si nos están pidiendo un consejo o alguna palabra, ahí sí tenemos ya luz verde para hacerlo.

En mi transitar por la vida he visto por experiencia propia que muchas veces queremos liberarnos de las angustias, de las dificultades por las que atravesamos reviviendo a detalle estas experiencias de dolor. He encontrado que más allá de aliviarnos, lo que hacemos es revivir (¡y de qué forma!). Allí empezamos a contarle y contarnos en nuestra cabeza a manera de tortura lo que ya pasó, una y otra vez. Esto nos provoca de manera inevitable volver a sentir todas las emociones que nos produjo el acontecimiento (tristeza, frustración, rabia, celos).

Anteriormente mencioné la palabra “carro de bombero” porque inconscientemente actuamos como uno. Socorremos a la persona queriendo apagar el fuego con más fuego. Con esto quiero decir que cuando usamos frases como: «es una mala persona», «seguro te lo hizo a propósito», «quiere verte sufrir», debemos entender que estas afirmaciones, lejos de aliviar a la persona, no la ayudan y más bien contribuimos exponencialmente a aumentar el resentimiento que está detrás de todo lo que se vivió. Al final, la persona sale peor después de haber conversado y no se logró la ayuda deseada.

Para ser más efectivos cuando le echamos una mano a la persona que nos está pidiendo asistencia, te propongo que consideres lo siguiente:

Escucha más, habla menos: evita dar consejos, cada situación y cabeza es un mundo. Nuestro punto de vista quizás no sea igual al del otro y viceversa. Procura a través de preguntas que la solución venga de la persona en conflicto. Recuerda que tú no serás el que tengas que lidiar con las consecuencias de esas decisiones que le estás invitando a tomar.

Acompaña: tu presencia será de valor para esa persona. Invítala a expresar sus emociones sin juzgarlas, con naturalidad. Si es necesario que llore, busca animarlo a que lo haga; la tristeza es humana, y en momentos le ayudará a aliviar cargas de lo que le causa sentimientos negativos. Recuérdale que todo requiere de tiempo para sanar y ver con claridad las soluciones.

Respeta su historia: si no es tu historia la que te están contando, por favor… no la cuentes a los demás. Valora la confianza que tuvo al confiar en ti para desahogarse.

Por último, les recomiendo ver un TED TALK titulado “Por qué todos necesitamos practicar los primeros auxilios emocionales”. En este video Guy Winch nos dice que es una prioridad tan importante como cuidar nuestros dientes o la salud física darle prioridad a lo que es invisible pero constituye la base de una vida plena, el cuidar nuestro bienestar emocional.

Darle y darnos los primeros auxilios que necesitamos es algo que no puede ser pasado por debajo de la mesa. Solo quiero recordarte que si vas a asistir emocionalmente a otro, cuida que tú estés lo más sano posible emocionalmente hablando para hacerlo, para que así la ayuda pueda ser realmente el alivio que la otra persona está necesitando.



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