La ciudad o sus personas

¿Son los lugares o las personas lo que los hacen especiales? Es cierto que hay ciudades que son más amigables que otras por su clima, por su densidad poblacional, bajo nivel de contaminación y un sinfín de asuntos de los que Rafael Osío Cabrices expone y en los que estoy de acuerdo. Pero esa ciudad en la que viví ya no es igual, aunque a simple vista si lo sea, al igual que las personas se transforma; o lo que recuerdo de la ciudad y sus lugares es lo que le aportaban las personas.

Para quienes hemos vivido en al menos un par de ciudades resulta peculiar regresar luego de algún tiempo, pasar por esa heladería que ya no está puede causar un poco de tristeza; haciendo un ejercicio de sinceridad la tristeza no es porque esa empresa haya fracasado o por no poder comer un helado allí, existen un montón de heladerías en la ciudad; en realidad la tristeza es porque la desaparición de ese lugar delata que aquello lo vivimos y ya es parte del pasado, es una melancolía; entonces es el lugar o lo qué sucedió en ese lugar lo que lo hace especial.

aeropuertoMe atrevería a decir que un lugar para mi puede ser mágico y especial y para otra persona puede ser terrible, todo depende de lo que ha sucedido allí. Uno de los lugares que tiene esa dualidad son los aeropuertos, son una especie de fosa común de sentimientos.

Confieso que me encantan cuando espero a alguien, ver cómo de lejos se acerca ese amigo que hace mucho que no ves, es ideal. Brazos abiertos en su máxima expresión seguido de un abrazo de esos que tienen toda la fuerza de una amistad, pero en ese mismo instante otros se abrazan con lágrimas de despedida y como no, el que espera su vuelo con las preocupaciones de esa reunión de trabajo a la que acude.

Hace algunos años fui a una ciudad en compañía de un grupo de personas. Todas las mañanas nos reuníamos en el lobby del hotel y siempre en el mismo rinconcito en el que no había sitio para todos y pese al calor, pues allí nos reuníamos, todo apelotonados como quien dice. Pasados unos meses regrese a la misma ciudad y al mismo hotel, al entrar y ver ese sofá vacío me di cuenta de que no son los lugares sino las personas las que les damos vida, recuerdo que la frase que se me ocurrió en ese instante fue “esto es una fotografía sin gente”, quizá el personal del hotel fuese el mismo, pero recordar el rostro de un chino no es fácil. Curiosamente ese hotel se llama Samsara. 

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Pero en las ciudades también hay eventos puntuales, que le dan vida. Muchos surgen de una iniciativa anónima, no están orquestados por ningún ente público o asociación, por suerte en los últimos meses he podido ver en mi ciudad algunas cosas de ganchillo o crochet. A alguien se le ocurrió ocupar un poco de su tiempo en hacer una mantita para un banco de la plaza, quizá eso demuestre que a ese alguien le importa el lugar en el que vive.

¿Quién no tiene un rincón favorito en la ciudad en la que vive? Al mío acudo solo en los momentos en que sé que me aportará buenos recuerdos y así lo preservo y cuando lo necesito acudo a el hasta mentalmente. Posiblemente tengas uno y si no, puedes buscarlo, úsalo y cuando lo necesites, te puede aportar más de lo que te imaginas, será algo así como el parque de la edad adulta.  

 



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