La competencia de las mejores ciudades

No son las ciudades más famosas, las que tienen el frecuente honor de ser destruidas en las películas, ni tampoco las que atraen más inmigrantes o albergan a más millonarios. Pero son las mejores para vivir: abundan en espacio público, cumplen con altos estándares de sustentabilidad, son seguras y accesibles, tienen una buena ecuación de densidad. Son campeonas en un raro arte en el que no han podido igualarlas París, New York (56), Londres (53) o Tokio. Y cada seis meses se disputan los primeros lugares en una competencia que crece en difusión y en importancia, el ranking de las mejores urbes para vivir de The Economist Intelligence Unit.

De un tiempo a esta parte, las diez primeras suelen ser las mismas. En la lista de 2011, quedó en primer lugar Melbourne (Australia) con 97.5 puntos sobre 100. Le siguen Viena, la capital de Austria, con 97.4; Vancouver (Canadá) con 97.3; Toronto (Canadá), con 97.2; Calgary (de nuevo Canadá), con 96.6; Sydney (Australia), con 96.1; Helsinki (Finlandia), con 96; Perth (Australia), con 95.9; Adelaide (Australia otra vez), con 95.9; y Auckland (Nueva Zelanda), con 95.7. La noticia, este año, fue que Vancouver “cayó” al tercer lugar como la mejor ciudad para vivir del mundo luego de haber ocupado el primero por casi una década.

vienaEntre esas diez urbes casi perfectas, dos –Viena y Helsinki- son capitales de sus países, y todas pertenecen a naciones que, si bien son bastante prósperas, destacan más por su Índice de Desarrollo Humano y por su estabilidad política y económica, que por el tamaño de sus economías. Australia, con cinco ciudades en el top ten, es un país más bien joven y abiertamente receptor de inmigrantes, como Canadá y Nueva Zelanda. Todas, salvo la romana Viena, son ciudades de fundación relativamente reciente. Todas están en Estados fuertemente democráticos con regímenes parlamentarios, una elevada paridad de sexos y economías mixtas.

El informe destaca que se trata de ciudades de tamaño medio en naciones con densidad de población más bien baja (sobre todo en el caso de los inmensos Canadá y Australia). En los últimos dos lugares están Dhaka (Senegal) y Harare (Zimbabue).

El ranking evalúa 140 ciudades en un índice que va de cero a cien, donde cien es lo mejor, según 30 factores o indicadores cuantitativos y cualitativos, basados en análisis de testimonios y de cifras, y agrupados en cinco categorías: estabilidad; salud/sanidad; cultura y entretenimiento; educación; e infraestructura. En detalle, se consideran cosas que van desde la oferta inmobiliaria hasta la gastronómica, desde la criminalidad hasta la tolerancia religiosa.

Las que salen mejor paradas son urbes tranquilas, estables y fáciles de usar, ciudades más capaces que el resto de permitirle a uno vivir sin sobresaltos (lo cual explica por qué no están ahí Ciudad Juárez o Caracas); con acceso generalizado a servicios de salud de calidad; con una oferta diversa y amplia para el uso del tiempo libre; con altos índices de escolaridad y sin analfabetismo; y con un patrimonio físico acorde a las necesidades de su población.

O sea, la clase de lugares que uno busca para criar a sus hijos, por ejemplo. La percepción de sus habitantes sobre cuán seguros se sienten ahí es uno de los indicadores que influyen en el puntaje. De hecho, los disturbios asociados a la crisis económica global harán retroceder en el ranking a Londres y Atenas, por ejemplo. Melbourne tuvo en 2009 una tasa de 2,9 asesinatos por cada 100.000 habitantes.

Otro de los asuntos es el tráfico, cuyo empeoramiento hizo perder a Vancouver su supremacía en agosto de 2011. Una ciudad con menos tráfico, una ciudad más fluida, libera más tiempo de sus habitantes para estudiar, trabajar, estar con quien y donde quieren. Al fin y al cabo, eso es lo que todos queremos: vivir en un lugar que nos deje ser nosotros mismos. Al parecer, las urbes que lideran el ranking favorecen eso. Puede que no sean las más fascinantes, pero son las mejores.  

 



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