La constante permanente: el cambio que viene tras una mudanza

Una mudanza que venía en algún momento, pero que estaba siendo inconscientemente evitada tocó de repente mi puerta. Nunca pensé que podía vaciar la casa donde ocupé nueve años de mi vida en tres días. Un devenir de emociones invadieron mi centro, mi calma y mi paz.

Por momentos pensé no poder con lo apabullante que es no tener el panorama claro de para dónde vas, pero sin importar esto, igual tuve que reunir fuerzas para desarmar una vida, un ciclo de muchos años tuvieron que ser metidos forzadamente en unas pocas cajas. Esto hizo que realizara una limpieza profunda tanto de posesiones materiales como de las sentimentales (cartas y fotos). Sin duda cosas inesperadas afloraron en la mudanza. Las situaciones que vivimos a lo largo de años y en esos tres días fueron quedando plasmadas en ese lugar que se desocupaba rápidamente, nuestra tristeza se fue apagando inmediatamente por nuevas ilusiones e interrogantes que apuntaban hacia nuestro nuevo destino. Estábamos, a pesar de todo lo que dejábamos atrás, llenos de alegría, pero a su vez el miedo a lo desconocido también invadió nuestro ser. Todo esto puso en evidencia que los cambios son lo único seguro que tenemos en la vida, y en nuestro caso en particular con la mudanza nos brindó la oportunidad a mí y a los míos de ver cuán innecesarias son muchas de las cosas que acumulamos por apego a los recuerdos, al pasado, a lo perecedero.

Mimage1e encontré con un sinfín de cosas que mis hijos usaron en algún momento de su niñez: unos disfraces que pudieron ser regalados en su momento para ser aprovechados por otras personas, así como juguetes y hasta un baúl que cargamos desde nuestra primera mudanza, cuando nos vinimos de nuestra querida Venezuela. Todo esto solo me demostró que cargamos por años pesos de cosas que definitivamente no hacían falta. Al cerrar la puerta de la casa vacía sentí que nos liberábamos de esa carga pesada que habíamos acumulado, esto se tradujo luego de varios días en un gran alivio.

Esto pasó tan aceleradamente que ni siquiera me dio tiempo de que el nuevo sitio donde nos teníamos que mudar estuviera listo, así que la angustia e incertidumbre me invadieron nuevamente, pero a su vez me hizo ver con más claridad que las cosas siempre pueden cambiar una y otra vez, rápidamente… de la noche a la mañana. Todo este caos me enseñó el verdadero camino. Como dice Jeff Foster, donde se plasma la gran enseñanza que me queda luego de todos estos días de angustia y cambios en esta corta frase : «No debo construir mi mundo en aquello que cambia, que no dura, que no es esencial».

Ahora al escribir esta nota veo que los problemas, aunque parecieran que no se acaban tampoco son eternos, no duran para siempre. También cambian constantemente.

Los cambios, aunque han sido difíciles para todos, nos han ayudado a renovarnos, brindan una brillante oportunidad de unión, colaboración, nos dan la ilusión de comenzar un nuevo ciclo en otro lugar. El otro importante descubrimiento que hicimos con todo esto que pasó fue entender que el verdadero significado del hogar no está en el sitio físico, en las paredes que dejamos atrás, por el contrario está en el corazón de cada uno de los que integramos esta familia. El hogar lo hacemos cada uno con nuestro amor y compañía, sin importar el sitio donde estemos.

Sabemos que por un tiempo debemos armarnos de paciencia, nuestra rutina sin dudas será diferente y seguramente en el desorden que habrá, difícilmente podremos conseguir las cosas que necesitamos… por eso lo mejor será dejar que estos cambios nos muestren poco a poco cómo se van abriendo nuestros nuevos caminos.

Ojalá nos entreguemos sin tanto afán a estos nuevos retos donde lo impermanente siempre nos recordará lo que en verdad es esencial en nuestra vida.



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