De la contribución al impuesto

De la contribución al impuesto

Si algo afecta la relación de los seres humanos con su creación mágica, el dinero, es el tema de pagar impuestos. Pero el problema no está en el desconocimiento, sino en la tergiversación del objetivo de dicho desembolso. Hoy voy a compartir contigo los orígenes de estas dos figuras y cómo alinearte mental, emocional y espiritualmente para ir creando una relación cada vez más armoniosa con tu dinero.

Orígenes de la contribución

Contribuir es la capacidad de aportar algo en beneficio de un tercero. En la Europa medieval se creía que quienes transaban grandes cantidades de dinero recibían el poder de canalizar los recursos materiales, y su única obligación era la de distribuir entre aquellos que aún no sabían hacerlo. Por esta razón, las grandes familias comerciantes de la época tenían sus propios sistemas de contribuciones como ofrendas divinas y gratitud a ese don que recibían.

Sin ir muy lejos, en la ciudad de Brujas, donde yo vivo, se mantienen intactas las residencias que estas familias construían para albergar a los más vulnerables. Cada residencia tiene su capilla con un altar que contiene la descripción de la ofrenda y el nombre de la familia que realizaba tal contribución. Dar y recibir es una misma energía, la de circular. La única manera de bendecir ese canal es a través de la contribución.

Orígenes del impuesto

Para el momento en que comienza la Revolución Francesa, se crea la figura del impuesto. La necesidad de financiar las guerras contra Napoleón fue lo que llevó a países de Europa a crear leyes que obligaran a las personas a dar su contribución al Estado, en lugar de darlo directamente a quien lo necesitara. Una parte de ese dinero estaba destinado a financiar la defensa territorial, desvirtuando los elementos fundamentales de la contribución, para elevarlo a un nivel de seguridad social.

Pero lo importante a resaltar aquí es que, aunque ya el aporte era obligatorio, se seguía manteniendo el principio de quien contribuyera directamente con otros. Es así como se crean las organizaciones sin fines de lucro, como personas jurídicas legalmente habilitadas para recibir dinero de contribuyentes, haciendo posible que estos últimos dedujeran de sus pagos de impuestos los aportes a las organizaciones. Con el tiempo se ha ido reduciendo la cantidad de contribución directa, pero sigue funcionando.

El poder de la planificación fiscal

Ahora la pregunta es: ¿cómo incrementar la cantidad de aporte directo a quien lo necesita? La respuesta es: a través de la planificación fiscal. Erróneamente, las personas o empresas tienen la creencia de que la vía es la evasión, pero la prosperidad de lo que hacemos se ve impulsada por nuestra capacidad de contribuir. En este caso la forma más inteligente es tener en tu negocio una estrategia de planificación fiscal, que te permita contribuir legalmente y darle continuidad a ese don divino de ser canal de distribución de las riquezas entre los hombres.

Las personas que realmente viven en armonía financiera son aquellos que tienen claridad de que el dinero es una energía con la que nos relacionamos cada día, y la forma como elegimos percibirla influye en la manera como ésta se multiplica en nuestra vida. Es alinear lo mental, emocional y espiritual del dinero, para vivir con riqueza consciente, tengas poco o tengas mucho.



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