La copa de cristal

El cruce de sus miradas dio paso a una amistad donde se desarrolló el más profundo de los sentimientos. Fundieron en el deseo y la pasión el más sagrado vínculo de su unión y representación del amor que se juraban, y compartirían siempre en el producto de esa creación, una Copa de Cristal.

No importaba el contenido, la llenaban con aquello que les brindará satisfacción ante cualquier deseo que ambos o alguno en su momento anhelara, pero sin importar la decisión individual o conjunta, mantendrían inquebrantable su promesa romántica de compartir siempre juntos en La Copa; y luego de apaciguar la sed, la lavaban cuidadosamente y guardaban lejos de manos indecorosas que desearan beber en la maravilla del Cristal.

Una noche, como nunca había sucedido en todos los años juntos, despertando con gran deseo de saciar su sed individual, se levanta cuidadosamente de la cama sin querer despertar a su pareja; se acerca a la despensa y agarrando con sus manos La Copa de Cristal, sirve, bebe y deja todo nuevamente como estaba en su lugar.

Como ninguna diferencia era notada por su consorte, repetiría lo mismo, una y otra vez, noche tras noches. Hasta aquel momento, producto del profundo sueño que le dominaba y por la rapidez de volverse a acostar, sin querer, ni darse cuenta, al borde de la mesa deja frágil y descuidada a La Copa de Cristal.

A la mañana siguiente, con la confianza acostumbrada de que todo está normal, sin rápida reacción alguna para recuperarla a tiempo, cae al suelo y se quiebra en pedazos la mal puesta Copa de Cristal.

Insultos iban y venían, acusaciones de una parte a otra; llantos, gritos, lamentos, culpas y disculpas seguidas del arrepentimiento y un final acuerdo reparador de unir cada fragmento con un poco de pegamento.

La Copa de Cristal ya no es la misma, de las uniones brotan gotas del líquido servido que recuerdan aquella escena del quebrantamiento. Ya no es lavada y guardada en la despensa con la misma atención de antes, y por remordimiento de conciencia ahora, ninguno es capaz de calmar su sed individual de madrugada a fin de no quebrantar lo que fracturado ya está.

Como Copa de Cristal al borde de una mesa que al menor descuido cae y se rompe en pedazos; así de frágil es el amor.

El amor nace de una amistad y crece en un sentimiento compartido, fundido en el deseo y la pasión. Requiere de atención y cuidados a fin de mantenerlo puro con mutuo apoyo, resguardándolo en la confianza y el respeto. No existe guía ni manual para hacerlo llevadero. Basta con forjar los votos de la alianza y los valores con los cuales crecerá desde adentro del corazón.

Recordemos aquellos días en que conocimos a nuestra pareja y renovemos ese sentimiento, esa sensación que un día nos unió.

Recuerden aquel día en que juntos decidieron adquirir esa Copa de Cristal.

Al Barela



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