La ¿crisis? de los 28

El año pasado, arranqué mis colaboraciones con Inspirulina un mes de enero. Escribí para este portal: El poder sanador de un beso, haciendo pública por primera vez, una historia totalmente íntima y personal. La receptividad y buena energía fue tan maravillosa, que sumado a la invitación de Elí, decidí sumarme formalmente al staff de colaboradores.

En un año, me he dado a la tarea de escribir sobre cosas que me inspiran y también he encontrado en Inspirulina, una fuente de información refrescante, cada vez que lo necesito. La certeza de que en el mundo hay más personas que se preocupan por las cosas que me preocupan, que quieren mejorar su calidad de vida, que quieren hacer algo por su entorno, que sienten curiosidad por lo que hay más allá.

Un año después y para no perder la costumbre, quiero aprovechar este espacio que se me brinda, para hablar de un tema íntimo y personal. También es algo de lo que no he hablado antes en ningún lado.

Algunos de quienes me leen es posible que conozcan a qué me dedico. Soy locutor, presentador de TV, escribo y dirijo mi plataforma: UnTipoSerio. Esto no es nuevo. Llevo casi exactamente 12 años dedicando mi vida a comunicar, pues comencé a los 16, haciendo un programa de radio que no quiero recordar, con lo cual, usted puede deducir mis actuales 28 años de edad.

Al momento de escribir estas líneas, me invade una sensación entre tensa y liberadora. Considere que llevo 12 años de mi vida, tratando de ocultar cuantos años tengo. ¿La razón? No es solo una. Lo primero fue temor a que subestimaran a ese «chamín» que tenía ganas de tener su propio programa de radio y TV. Ocultarlo, funcionó.

Lo segundo fue el consejo de un gran amigo y mentor radial, quien me sugirió que no divulgara cuantos años tengo, pues la magia de la radio se presta para cualquier conjetura de parte de la audiencia. Y finalmente, cuando empecé en televisión, me dijeron que tampoco era bueno decirlo, porque mi aspecto físico se prestaba para representar marcas para edades adultas o juveniles y revelarlo iba a reducir mis posibilidades.

Parece una tontería. Pero ocultar o no revelar mi edad, fue una labor exhaustiva, que tomó tiempo y esfuerzo dominar. Cambiar el tema justo cuando te lo preguntan, esconder el año de tu nacimiento en redes sociales o cualquier información disponible en Internet, hacer quedar a tu familia como unos locos cuando se les escapaba la información, guardar bajo llave tus documentos de identidad, entre otras anécdotas, formaron parte de mi vida hasta el día en que se publica esta nota.

Y reconociendo lo paranoico que suena, es evidente que la edad no solamente les preocupa a Mirla Castellanos y Carmen Victoria Pérez. Hay otros (hombres, pues no soy el único) a quienes nos ocupaba asegurarnos, que nadie tuviera una copia de nuestra partida de nacimiento y, no por mayores, sino por jóvenes.

Pero llegaron los 28 y les diré algo que saben solo los que hemos llegado hasta acá: es una edad perfecta para librarse de tensiones y preocupaciones menores. ¿Y cómo es posible esto? También tiene que ver con la edad: hay cosas más importantes en las que pensar, y hay carga de la cual librarse, pues pesa más de lo que debería.

Dicen los expertos que cada 7 años ocurre una crisis en el ser humano, que nos permite reinventarnos y cambiar tanto nuestras prioridades, como nuestras preocupaciones. Los 28 años suelen describirlos como una etapa más terrenal, en la que una vez que hemos elegido nuestra profesión, hemos viajado un poco y hemos cultivado nuestra individualidad, pasamos a un momento en el que buscamos establecer bases más sólidas, encontrar una pareja estable y obtener bienes materiales mucho más tangibles.

Por obsesivo que parezca y por terrible que luzca leerlo más que verlo en personas que conocemos, en mi entorno de gente contemporánea, hay unos cuantos propuestos a evaluar su vida en función de cifras: tantos postgrados, tantos viajes al año, tantos ceros en la cuenta y un largo etcétera… Pero he pensado que dentro de 7 años más, si tuviera la oportunidad de hablarle al Álvaro de 28, seguramente le diría no solo que grite a los cuatro vientos que tiene 28 años, que disfrute al máximo una edad en la que el poder y la independencia se juntan y en la que ya no se es ni muy joven y mucho menos, muy viejo.

Le diría que la vida no se evalúa en base a cifras y que se encuentra en la edad perfecta para hacer de sí mismo, alguien de quién enorgullecerse en 7 años más.

Entonces he decidido hacerle caso, empezando por hoy.

 



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