La culpa es de la hormonas

Seguramente todas las embarazadas hemos experimentado cambios drásticos de humor, algunas veces explosiones de llanto, de rabia, de tristeza y esto se debe al bombardeo hormonal. Mi primer embarazo fue el llorón, veía un bebé y buaaaa, un papá jugar con su hijo y otra vez buaaa, una película romanticona y buaaa buaaa, el segundo embarazo fue el peleón, mami dame chocolate… nooo eso te hace daño, mi amor vamos a cenar… cómo se te ocurre con la barriga y el niño, no tengo ganas, no piensas en mí, con el tercero pasé por todos los cambios, lloraba, reía sola, peleaba, en fin… y recuerdo un día de esos, de un ataque, escuchar a un amigo decirle a otro: ‘No le pares está embarazada’ y lo que me provocaba era responder sí, estoy embarazada, estoy hormonal…

Somos una fábrica de hormonas que desde el comienzo del embarazo y mientras dure la lactancia estarán presentes en nuestro cuerpo y se manifestarán en nuestras acciones.

Las hormonas lo controlan todo, son esas sustancias químicas que viajan por nuestra sangre y le indican a nuestros órganos qué hacer. Sólo para mencionar algunas de las involucradas en esto de la maternidad podemos comenzar con la reina que es la gonadotropina coriónica, luego el estrógeno y la progesterona, también, aunque menos conocida, el láctógeno placentario y seguro han oído nombrar a la prolactina, la relaxina y a la gran oxitocina conocida como la hormona del amor —parece un certamen de belleza—, así podríamos continuar un rato más, lo importante es saber que aunque son responsables de nuestros cambios de humor, y de algunos síntomas desagradables, como las naúseas, también permiten maravillas como la permanencia del feto en nuestro vientre, la distensión del útero, la expansión de los ligamentos y músculos para dar a luz, y hasta la estimulación para la secreción de la leche materna.

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Para superar esta especie de revolución hormo-cional mantente atenta a esos impulsos, en especial aquellos que pueden hacer que des una mala respuesta y discutas más de lo normal. También ayuda compartir con tu esposo y con tu familia dudas, preocupaciones, alegrías, así te descargas un poco. Permítele a papá que le crezca la pancita junto a ti, esta es una excelente manera de involucrarlo y prepararse como pareja para el próximo desafío, ser padres.

Si te dan ganas de llorar intenta reír y recuerda, vas a ser mamá. Por esto repite claro y fuerte: estoy hormonal, no anormal.



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