¿La culpa es del teléfono?

¿La culpa es del teléfono?

Los hijos grandes, las vidas distantes, la confrontación permanente. Ellos tenían una de esas relaciones calificadas de tormentosas, podían pasar semanas sin mediar palabra y nadie a su alrededor entendía qué sería lo que los mantenía juntos.

Un día como tantos, él se encontró con “su otra ella”, pero por error de acción -en plena acción- se le disparó el celular y “esta ella” atendió con desgano; lo que jamás imaginó era que pasaría una hora con la respiración paralizada escuchando la agitación sexual de su marido con “la otra”.

La reacción inicial de nuestra mujerabilidad es recriminarlo y juzgar la infidelidad que tanto daño nos ha hecho, sin comprender que eso era solo una parte de sus vidas de anti-pareja; lo insólito es que, al escuchar la anécdota, muchos –incluidos ellos- consideren que se divorciaron por culpa del celular.

Parece que estamos dormidos, aceptamos la desarmonía y el dolor como lo normal, porque ¿quién dijo que a esta vida vinimos a ser felices?.

No hemos terminado de comprender que si no cambiamos por conciencia lo haremos por la fuerza. En este caso la fuerza fue casi novelesca, pero estoy segura de que la mayoría tenemos en nuestro haber una anécdota, más o menos dramática, que nos hizo quebrarnos de dolor y solo así mirar de frente la herida y comenzar a sanarla de verdad.

Aunque claro está que la culpa no es del celular, la fuerza de esa llamada disparada por error fue tan contundente que no había forma de ocultarla y, por consiguiente, tuvieron que afrontar la realidad que tanto daño les estaba haciendo.

Las historias detrás de cada uno de ellos pueden ser similares a las que llevamos en nuestros morrales. Nos invito a poner en una balanza, a mirar hacia adentro y comprometernos con nuestra felicidad personal. No es fácil, porque los esquemas de sufrimiento innecesario están muy bien instalados en nuestras almas, pero tengo fe en nuestra intuición para desmontarlos e iniciar el camino hacia lo sano.

Todos soñamos con una sociedad más feliz, pero si está conformada de individuos que no son felices, pretender que el colectivo lo sea es una utopía y eso tampoco es culpa del celular.



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