La danza del orden a lo profundo

La danza del orden a lo profundo

La palabra orden viene del latín ordo, ordinis. De ahí la palabra: ordenar. La acción de (ar = verbo) poner en orden. De tal acción se deriva también, mover, ajustar. Esta palabra se convirtió para mí, en los últimos diez años, en el epicentro de todos mis pensamientos y acciones actuales, ¿Por qué? Creí, mucho antes de esos diez años, que el orden radicaba en tener: documentos en regla, la casa recogida, los clósets arreglados por tipo y color de ropa, la comida de la familia a la hora, llegar puntual al trabajo, cumplir mis tareas laborales al momento y mil cosas más que puedo mencionar, las cuales, significaban orden en mi vida.

Hoy puedo decir con absoluta certeza que orden es mucho más que todo lo antes expuesto. Incluso, me atrevo a decir, y sin quitar la importancia al orden externo, que en realidad donde debemos empezar a ordenar es dentro de nosotros mismos. Voy a enumerar algunos casos cotidianos que he tenido la fortuna de observar, todos ellos, enseñándome de nuevo a vivir en orden.

Primer caso: Una mujer que se había divorciado hacía mucho tiempo, rehízo su vida con otra persona y las cosas no iban bien. Entonces, empezó a buscar las causas y la sorpresa fue total, advirtió que sus tarjetas de crédito, licencia y algunos documentos importantes llevaban el apellido de su antiguo matrimonio. Es una incomodidad general en la pareja, pero tan inconsciente que puede dañar lo nuevo sin ser descubierta la causa, pues no la evaluamos como un desorden.

Segundo caso: Una pareja que comienzan a vivir junta y en el camino tiene dos hijos. Pasa el tiempo, los hijos crecen y también los problemas. Un día, la hija pequeña dijo: “Sus peleas son porque no se aman, si se amaran ya se hubiesen casado, el compromiso ante Dios y los hombres sella el amor”. ¡¡Ups!! Este caso queda a discreción, pero en realidad el verdadero orden está en la legalidad de cualquier situación.

Tercer caso: Este en particular es muy común, una pareja de recién casados que comienzan su camino matrimonial en casa de sus padres. Ese es el mayor desorden, porque quien viene primero es el jerarca del hogar, es decir, mandan los padres, no la pareja que recién nace. Cuando conviven dos familias juntas, es imposible establecer reglas de convivencia e incluso de educación de los hijos. El casado, casa quiere.

Existen muchos casos de desorden en nuestras vidas, sin embargo, lo importante es reflexionar profundamente y tomar acciones concretas para así caminar en orden. La vida es una danza, pero hay que saber danzar.



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