¿La depresión no te deja avanzar? ¡Es momento de hacer algo!

La mayoría de las personas confunden la depresión con la tristeza. La tristeza producto de un duelo, un rompimiento, una separación, frustración, soledad… entre muchas otras razones, es normal y muy saludable. Pero ¿qué pasa cuando esa “tristeza” nos paraliza y nos impide seguir con nuestra vida normal tras un par de días, semanas o meses?

Si tu vida está instalada en una permanente “tristeza” es muy posible que sufras de depresión aunque no lo quieras admitir. Otro tanto ocurre si continuamente vives molesta, amargada e irritable. La depresión suele enmascararse tras muchas emociones, por eso es vital tener un diagnóstico médico.

Solo un experto puede determinar cuál es el nivel y el tratamiento más adecuado para la depresión, sin embargo, la psiquiatra Carla Medina, nos da algunas pistas para “diagnosticarla”.

La persona depresiva manifiesta durante, aproximadamente, dos o tres semanas seguidas -como mínimo- algunos de los siguientes síntomas:

Exceso o falta de sueño: A la persona depresiva le cuesta conciliar el sueño, por interrupciones frecuentes durante la noche o por despertar muy temprano en la mañana sin poder volver a dormir. Pero también puede sentirse somnoliento y querer dormir gran parte del día.

Alteración en el apetito: Al igual que con el sueño, el paciente deprimido suele sentir disminución del interés por la comida, o por el  contrario, deseos de comer más.

Disminución del deseo sexual.

Sensación de cansancio: por las mañanas o durante el resto del día

Problemas con las relaciones interpersonales: Una persona depresiva siente que, constantemente, es juzgada por las personas que la rodean.

Baja autoestima: Siente que es menos que cualquier persona que le rodee.

Deseos suicidas: En el cuadro más drástico la persona depresiva siente deseos de acabar con su vida.

Si reconoces en ti misma, uno o más de estos síntomas con frecuencia es momento de que busques ayuda médica. Recuerda que la depresión es una enfermedad clínicamente reconocida, y como toda enfermedad, si no se trata adecuadamente, no se cura.



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