La despedida de ese amor perruno

La despedida de ese amor perruno

Los perros definitivamente son seres de luz, verdaderos maestros del amor en toda su palabra, ese amor incondicional, ese tipo de amor que perdura pase lo que pase, una verdadera lección para los seres humanos y quizás por eso no viven tanto.

Después de vivir una experiencia de unión con uno de estos seres, si realmente pudiste conectarte con su hocico frío, con sus ojitos tiernos, con su cola transformándose en un verdadero ventilador de tanta alegría que sienten al verte, del perdón infinito ante tu mal humor o tus severos regaños, no te será indiferente ese momento de su partida, momento que siempre será demasiado prematuro y que no querrás vivir.

En mi caso, desde que tengo uso de razón siempre he tenido un perro y cada partida ha sido una agonía, la penúltima fue la de mi pastor alemán, una nena de nombre Tieta, súper inteligente y llena de amor. Con ella viví mis dos embarazos y en ambos casos se transformó en una guardiana de mis cachorros a quien adoptó como sus hermanos humanos. Ella se acostaba debajo de la cuna, velaba sus sueños y los protegía incluso de las visitas a menos que yo le explicara que todo estaba bien.

Cuando Tieta falleció por un cáncer donde intenté todo, desde quimioterapia hasta la teoría de sanación con ángeles del veterinario, tuve que enfrentarme a ese dolor desgarrador (no encuentro otra palabra) que me hizo prometer que nunca más pasaría por algo así, y decidí que ya no más perros…

En 2004 comienzo una nueva actividad laboral en una empresa y a los pocos meses de estar allí, me tocó hacerle el favor de cuidarle la perrita al dueño de la empresa porque se iba de viaje y allí inicia una verdadera historia de amor con esa peluda, con Kira quien al regreso de su amo no quiso volver con él porque ella me había elegido y de esa forma no me quedó otra de romper mi juramento de ya no más.

Kira era la perrita mas loca que haya conocido en mi vida, irreverente, audaz y probablemente la peluda que más me ha amado en la vida, lloraba de amor con un abrazo mío, con solo escuchar mi voz…recuerdo que cuando tuvo su primera y única camada lo hizo sobre mi sofá y de allí nadie la sacó, el sofá quedó inservible, así era ella.

Hace dos años le detectaron unos tumores en sus mamas y hubo que operarla dos veces, había que extirpar las dos líneas mamarias pero este procedimiento no se puede hacer en forma simultánea por la tensión que se genera en la piel, lo que elevaba considerablemente los costos, además que debía ser entubada por su edad. No faltó quien dijera ¡Ponla a dormir! Ya está vieja, ¿vas a gastar todo ese dinero?, y eso indica que no todos saben que llega un momento (suele ser a primera vista en mi caso) que deja de ser una mascota para transformarse en un hijo, en un miembro de tu familia. Fue operada y era cáncer pero se resolvió.

Pero ahora, Diciembre de 2020 ya no pude hacer nada, una insuficiencia renal se apoderó de ella llegando la urea a superar el valor de 500 cuando lo normal es de 18 a 40 lo que era estar envenenada, dejó de comer, de beber agua, de mover la cola, y solo temblaba y sufría, mucho. Me tocó entonces este 16 de diciembre darle una de mis demostraciones de amor más grandes que fue la de dejarla ir a sus casi 16 años porque no podía verla agonizar así y definitivamente no lo merecía.

Una eutanasia que le puso fin a su dolor y estremeció mi alma porque definitivamente no nos preparamos para las despedidas y mucho menos cuando hay tanto amor, pero un proceso digno para un ser maravilloso que definitivamente no merecía sufrir tanto después de haber dado su vida a dar amor.

Hasta siempre Kira, siempre estarás en mí.

Imagen de Sven Lachmann en Pixabay



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