La díada, el embarazo más allá de las cuarenta semanas

Nuestra maternidad se inicia desde el momento en el que estamos embarazadas, vemos cómo nuestra filosofía de ver la vida se va modificando a medida que crece la barriga y tenemos mayor conciencia del bebé en nuestro vientre.

Después del parto reconocemos nuestra descendencia en los ojos, manitos y cuerpecito de ese maravillosos ser que tenemos en frente. Se termina la espera de conocer a esa personita que conforma esa díada (mamá-bebé) que no termina con el parto y que se extiende aproximadamente durante los primeros dos años de vida de nuestro pequeñín. De este modo hay como una continuidad del embarazo, porque aunque estemos “separados” bebé necesita a su mamá, para alimentarse, asearse, sentirse seguro y amado. Durante el embarazo el bebé no necesita más nada, todo lo tiene allí, en un ambiente cálido y seguro.

Las contracciones en el parto son los primeros masajes que mamá le regala a bebé para anunciarle que algo está por pasar. Tras el parto el bebé abandona esa sensación de confort y se enfrenta a un mundo desconocido y frío donde solo la voz, las caricias y los cuidados de mamá le transportarán a su estado en el útero, esa primera hora de vida donde abrazamos a nuestro bebé, le damos la bienvenida y sus primeras gotitas de leche materna, son esenciales para el futuro desarrollo de nuestro hijo y la creación del lazo afectivo. Con la aceptación de la díada la mamá suple de una manera instintiva e inconsciente las necesidades fisiológicas y emocionales de su hijo.

Entender y aceptar que esta díada existe y continúa en el tiempo, nos hará más pacientes, más sensibles y más amorosos a todos los que conformamos la familia, porque aunque el embarazo dura sólo unos meses, estoy consciente que voy a ser mamá toda la vida.



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