La dieta de los twinkies

Hace dos semanas reseñé aquí un trabajo del brasileño Carlos Monteiro, quien desmontaba la gran mentira de los productos altamente procesados que se venden como light, pero acabo de encontrarme en internet con la historia del profesor Mark Haub, un nutricionista de la Kansas State University que perdió 12 kilos con una dieta basada en twinkies. No sólo está más flaco, los valores de su sangre mejoraron y dejan en el aire una gran pregunta: ¿qué tan acertados son nuestros parámetros para medir la salud?

El experimento mezcla la premisa principal de Morgan Spurlock en Supersize Me y la obsesión apocalíptica de Woody Harrelson en Zombieland, pero el resultado es más dramático que cualquier película y el propio Haub se muestra contrariado: “Ojalá pudiera decir que el resultado no fue saludable. Ojalá pudiera decir que fue saludable. No tengo suficiente información para decantarme por una u otra opción”. En cualquier caso, la conclusión da validez a la hipótesis del profesor y es que a la hora de perder peso lo más importante es reducir la ingesta calórica. Lo que comes, aparentemente, es secundario.

La dieta duró diez semanas. Cada tres horas se comía un twinkie y si se aburría del menú,  buscaba otros productos altamente procesados. En lugar de agua o jugos tomaba gaseosas light, pero siempre cuidando que la ingesta calórica del día no pasara de las 1.800, mucho menor que la habitual de 2.600. Bajó 12 kilos, no está de más repetirlo, y redujo su índice de masa corporal de 28,8 –sobrepeso– a 24,9 –normal–. Le habrá aumentado el colesterol, dirán quienes vivieron la moda de la dieta Atkins; pues no: redujo el malo en 20% y aumentó el bueno, también, en 20%. ¿Y los triglicéridos? Diez semanas después, el profesor Haub había reducido esos valores en 39%.

La_dieta_de_los_twinkies_2Para mantener un balance vitamínico consumía complementos Centrum una vez al día, un vaso de leche en las tardes y un batido proteico en las noches, pero en lo que se refiere a sólidos la dieta es transparente: tres twinkies, una bolsa de Doritos, un paquete de Oreos, una ración de Corn Pops, una barra de chocolate, un brownie, una porción de torta… Ese era el menú-tipo del día.

Hay que recordar que Haub es nutricionista y antes del experimento ya llevaba una vida saludable con ejercicios y consumo balanceado de vegetales, frutas, granos y proteínas. De hecho, una vez terminada su dieta añadió progresivamente alimentos no procesados y la respuesta de su organismo fue un aumento de colesterol en la sangre. Muy responsablemente, el profesor recuerda que se trata de un experimento de diez semanas y por lo tanto es imposible saber qué efectos tendría la dieta de extenderse en el tiempo, pero Haub no duda en razonar que comer de forma saludable no siempre significa ser saludable. La cantidad de calorías puede ser más determinante que la calidad, al menos en períodos reducidos.

Hay tramas ocultas en el funcionamiento de nuestros organismos y experimentos como éste, lejos de frustrar a los entusiastas de la salud, sirven para recordar que no hay un solo camino hacia el bienestar. Al fin y al cabo, el acto de sentarse a la mesa es mucho más complejo que bajar o aumentar de peso.

 



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