La esperanza: ¿una virtud o una habilidad?

En el mundo empresarial se alude poco a la esperanza, pues se asocia con una virtud exclusivamente espiritual, con la confianza pasiva en un resultado o, en el más afortunado de los casos, con una medida estadística valiosa, solo para el análisis de tendencias de mercadeo.

No obstante, importantes investigaciones en el campo de la psicología positiva prueban que la esperanza es una habilidad que puede ser desarrollada y ser clave para el logro de objetivos.

En su libro El poder de la esperanza, el profesor de psicología Anthony Sciola, de la Escuela Keene de la Universidad de New Hampshire en Estados Unidos, explica que la esperanza es “una habilidad activa, pues puede ser adquirida y modificada”.

Este fascinante enfoque multidimensional propone desarrollar la esperanza mediante catorce elementos que incluyen aspectos cognitivos, emocionales y espirituales. Además, ofrece la evidencia de sus investigaciones con estudiantes, enfermos de cáncer y SIDA y atletas. Estos sujetos pudieron desarrollar esperanza, así como obtener mejores resultados en sus respectivos indicadores de éxito (el manejo de emociones, incremento de células inmunes y triunfo deportivo).

Según Scioli, la esperanza hace al individuo “más resiliente, motivado y abierto”, características que le permiten alcanzar objetivos con mayor eficacia.

De los catorce aspectos propuestos por el profesor Scioli, me permito presentarle los siguientes por considerarlos influyentes sobre los resultados del desempeño, tanto a nivel individual como organizacional. Igualmente, le propongo un sencillo ejercicio para, a través de dicho aspecto, desarrollar la habilidad de la esperanza.

  1. Desarrollar confianza: tanto en usted mismo como en otras personas. Observe en sus interacciones con colegas y clientes el poder de su sonrisa o habilidad de comunicación, para generar actitudes positivas.
  2. Manejo de temores personales: en situaciones que le causen temor, como presentarse ante un grupo, comunicar algún problema o para reducir el estrés general, practique la respiración diafragmática o abdominal profunda, tomándose cuatro tiempos en cada etapa (inspiración, retención del aire, exhalación).
  3. Lograr resultados positivos: visualice el resultado de sus dos o tres proyectos más importantes, con todo lujo de detalles. Identifique aspectos de su planificación que deben ser modificados, para alcanzar el resultado visualizado. Si identifica aspectos fuera de su control, revise sus expectativas u “horizonte de esperanza”.
  4. Trascendencia o inmortalidad simbólica: construya y documente un proceso de negocios, una práctica dentro de la cultura organizacional. Recopile y preserve logros importantes, como el primer cliente, el contrato más grande, nuestro empleado condecorado o premiado por un cliente. Enseñe a un colaborador más joven su secreto para el éxito o, mejor aún, cree y participe en un programa formal de mentoring en su organización.


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