La espiritualidad no se aprende

La espiritualidad no se aprende

Creo que hemos intelectualizado demasiado el camino espiritual. Nos hemos llenado de definiciones, caminos sagrados y rituales importados. Todos válidos, pero ninguno garantiza lo que el camino espiritual implica: vivir la experiencia de sentirnos espíritu. No solo que lo podamos explicar, sino que incluso no podamos explicarlo porque, de tan potente que fue, no podamos ni siquiera definir la experiencia.

Conocer, saber, enterarnos e informarnos, nos permite llegar a la experiencia armados de entendimiento. Pero no es sino hasta que lo vivimos cuando podemos “darnos cuenta” de que nuestra alma es mucho más que el cuerpo, la mente y todas las historias creadas por los dos en conjunto, con su catalogo de pensamientos y emociones.

Y para tener la experiencia, no necesitamos estudio, sino práctica. Mucha práctica. Para comenzar, práctica de compasión, de aceptación y de tolerancia. Con nosotros y con los otros, para ir abriendo una brecha que en el momento menos esperado permitirá que se cuele una corriente de amor tan profundo que nos dejará sin palabras.

Necesitamos mantenernos alertas. Observándonos, modificando, reconociendo y volviendo a elegir un mejor pensamiento, para nosotros y para los otros.

Necesitamos hacerlo para sentirlo, sentirlo para vivirlo, vivirlo para serlo.



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