La estela del fracaso

La estela del fracaso

«Alguien terminará llorando», mi mamá siempre decía eso cuando mi hermana y yo nos poníamos a intercambiar palabras en una clásica discusión de hermanos.

Y ese mensaje lo escucho con mucha frecuencia hoy en día cuando alguien decide emprender una nueva iniciativa.

La mayoría de las cosas no funcionan, la mayoría de las ideas no tienen éxito, la mayoría de los emprendimientos duran máximo tres años. Y si tú eres el que está detrás, el tipo que siempre emprende cosas que fracasan, entonces estás como con la etiqueta de que estás condenado al fracaso.

Al fin y al cabo en nuestra sociedad nos fascina, es como una adicción hacer una fiesta del fracaso. Y lo más loco de esto es que no lo hacemos de la victoria, ya que no nos gusta ser «egocéntricos», pero alegrarnos del mal ajeno, eso sí nos parece correcto. ¡Que locura!

Vemos un partido de béisbol o escuchamos un programa radial o leemos un artículo de una revista de una empresa que fracasó, nos resulta más fácil señalar con el dedo, identificar un culpable y criticar las cosas que no funcionaron.

Es como una cruzada social convencernos de que evitar el fracaso es contraproducente.

Pero quiero escribir una lista de personas que han creado una carrera empezando (y a menudo fracasando): Oprah Winfrey, Ray Kroc, Salomón Cohen, Paulo Coelho, Sylvester Stallone, Chris Gardner y muchos más. De hecho para hacer esta lista no he tenido que investigar nada, me he limitado a escribir los nombres de gente famosa gracias a sus éxitos.

Muchas de sus ideas han fracasado, sin embargo de esa cantidad de fracasos que pudieron haber tenido, y siguen teniendo, nadie les presta atención a esa lista porque el mercado (y nuestra sociedad) respeta profundamente sus éxitos. Cuando más haces más fracasas.

Pero pensemos en el tipo de fracaso del que estamos hablando. No se trata de un fracaso por mala gestión de algo, ni de un trabajo mal hecho por falta de interés. No, estamos hablando del fracaso de personas con buenas intenciones, de gente que quiere hacer buenas cosas, triunfar y marcar la diferencia.

Como una epidemia.

Hay tanta gente que se queda paralizada frente a la incertidumbre, ante la idea de emprender un proyecto, que uno podría llegar a pensar que estamos programados para tener miedo.

Y es cierto.

Los científicos ubican con exactitud dónde se ubica el cerebro reptiliano. Es nuestro cerebro prehistórico, el mismo cerebro que tienen las lagartijas, lleno de miedo y con la reproducción como objetivo principal.

Se ha bautizado el cerebro reptiliano con el nombre de «resistencia». Y, por cierto, mientras lees esto seguramente la resistencia te está hablando, animándote a ceder, a evitar los movimientos arriesgados. En la mayoría de los casos, la resistencia siempre se sale con la suya, sabotea nuestras mejores oportunidades y echa a perder la posibilidad de que rompamos moldes. El hecho de ponerle un nombre te ayuda a conocerla y conocerla te ayudará a ignorarla.

Si apuestas por el camino de la iniciativa y te mantienes en él, mientras otros se obsesionan por la «calidad» y la «predictibilidad», a la larga te aseguro que acabarás triunfando. Los demás no dejarán de preocuparse porque disfrutan preocupándose. Pero no pasa nada, porque tú estarás marcando la diferencia y empleando tu energía en llevar a cabo proyectos que valen la pena.

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