La felicidad no es como la recuerdas

La felicidad no es como la recuerdas

La felicidad es más complicada de lo que parece. ¿Una frase poco inspiradora? Dame unos segundos para explicarla y verás que encierra un mundo de posibilidades.

En días recientes veía un video de Héctor Abad Faciolince donde el escritor colombiano hablaba de su fabuloso libro “El olvido que seremos”. Allí hizo referencia a una presentación de Daniel Kahneman en TED, donde este psicólogo ganador del Nobel desarrollaba la idea del conflicto que existe entre la experiencia y la memoria. Inmediatamente navegué hacia la página de TED y lo que encontré fue una reflexión provocadora: en el mundo actual debemos pensar sobre nuestro bienestar bajo otros parámetros.

Kahneman se ha hecho mundialmente famoso por sus estudios sobre la relación entre la conducta individual y el comportamiento de la economía. Hace dos décadas se metió en la psicología hedonista, una disciplina cercana a la psicología positiva, donde estudia las experiencias de la vida y qué las hace placenteras o desagradables.

Acá es donde entra el tema de la felicidad. Porque resulta que para nuestra psique la felicidad es una emoción que experimentamos y recordamos de distinta manera.

¿Cómo es eso?

Explica Kahneman en su charla (qué puedes ver con subtítulos en este post) que tenemos dos ‘Yo”. Uno que experimenta la vida en el presente y otro que maneja las memorias. Y no siempre están de acuerdo y alineados. Es por ello que el “Yo” que vive en el presente puede experimentar 20 minutos de felicidad escuchando una orquesta, mientras que el “Yo” de la memoria puede recordar ese concierto como un desastre porque en los dos minutos finales desafinaron los violines. Y entonces, cuando toca contarle a los amigos,  el cuento que aparece es algo así como “Ah, el concierto estuvo regular, pero no sabes lo terrible que fue el final”.

¿Es que acaso el recuerdo de esos dos minutos finales pesan más que la experiencia placentera de los 20 anteriores?

De cierta manera, si. Cuando la historia que guardamos en nuestra memoria tiene momentos muy álgidos, o un final de mucho peso, es casi seguro que esos sean los momentos que recordemos y el resto simplemente desaparezca.

O en otras palabras, podemos ser felices todo un día, pero quizás sólo recordemos el final de la tarde cuando las cosas salieron mal.

Pero hay otro dato que me interesó mucho. Según Kahneman, ese “Yo” que recuerda es el que toma las decisiones en base a las memorias del pasado, y además, piensa en el futuro en base a memorias anticipadas.

¿Te perdiste?

De lo que hablamos acá, es que si ves hacia adelante pensando en todos los malos momentos el pasado… bueno, el futuro te lucirá tormentoso.

Por eso Kahneman habla de una tiranía del yo que recuerda porque se impone sobre el que vive la experiencia presente. O en otras palabras, terminamos más enfocados en nuestras memorias que en lo que vivimos en el momento.

Esto me hace pensar en esa famosa frase de García Márquez. “La vida no es lo que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”

¿Ves el juego?

Si el yo de la memoria nos está contando todo el día un cuento de recuerdos malos, sonreír se nos hará difícil.

O en línea con el discurso de Kahneman, una cosa es la felicidad que sentimos en el presente, y otra muy distinta, cómo recordamos nuestra vida y cuán satisfechos nos sentimos con ese recuerdo.

Una de sus conclusiones es que a la hora de hablar de felicidad debemos tener en cuenta estas dos diferencias. Y mi conclusión tras escucharlo es que siempre debemos recordar que el recuerdo que tenemos es sólo una parte de la experiencia que tuvimos.

¿Se entiende el trabalenguas?

Toda esta vuelta retórica para decirte que debemos cuidar los recuerdos y no dejar que nos arrebaten la vida presente. Esa que experimentamos ahora mismo y que puede ser radiante (o miserable) pero que no necesariamente será la que recordemos mañana.



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