La felicidad presente es la única que existe

El primer libro que leí en Panamá se llama Snow. No puedo dejar de sonreír por la ironía, con este calorón que mucha gente en el mundo ni se imagina que existe.

El libro lo encontré por casualidad en el apartamento temporal donde nos quedamos durante las primeras semanas de nuestra llegada. No era casualidad, sin embargo, que yo llevara rato pensando me quiero leer algo de Orhan Pamuk, debe ser interesante. Así que ¡Magnífico!

Se pueden decir muchas cosas de esta novela, pero como esas se pueden encontrar en cualquier parte en internet, yo prefiero reportarles lo que se me quedó grabado. En este caso, una frase: Heaven and hell were in the same place (el cielo y el infierno estaban en el mismo sitio) y la actitud del protagonista hacia el presente.

Esa frase desató algunas imágenes, como lo que quedó en mis memorias, después de haber vivido el terremoto de 8.8 en el 2010, en mi casa de Santiago, Chile; o mis sentimientos hacia Venezuela, mi país natal.

Hay una constante en el protagonista de la novela: que cada vez que sentía una gran felicidad, le entraba miedo de que justo después viniera una infelicidad igual de intensa. ¿Sería eso consecuencia de haber vivido en un sitio en que el cielo y la tierra estaban en el mismo sitio? Él decía que entre sus más preciados recuerdos infantiles estaban los juegos con sus amigos en ciertas calles de Estambul, pero que en esas mismas calles estaba el infierno, pues también se burlaban de él y lo maltrataban. ¿Sería que primero venía el juego y luego el maltrato?

Es cierto que en muchas ocasiones, después de una gran felicidad, viene una infelicidad igual de intensa. Pero eso no es una regla. Hay igual de probabilidades de que después de una gran felicidad, venga una felicidad igual de intensa, o un período sin emociones particularmente altas ni bajas. Es la experiencia de cada quien la que hace que se distorsionen las expectativas, y se piense que lo que ha ocurrido en el pasado, sea lo que siempre pasa.

Saber que el futuro es incierto, debería ser lo que nos motivase a valorar la felicidad presente. Sin embargo, como nos muestra el personaje de la novela, hay maneras negativas de abordar la felicidad presente (que es la única que existe). Podemos destruirla de un palmazo con angustias sobre lo que pudiera venir después, como  también podemos pensar que en el futuro habrá más felicidad. Ambas actitudes menosprecian el presente.

No podemos controlar lo felices que seremos en el futuro. Pero sí podemos decidir si valorar o menospreciar la felicidad de nuestro presente.



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