La felicidad puede andar en cuatro patas

Tener mascotas da felicidad. Así como suena. Llegar a casa después de un día complicado y encontrarse a nuestro perro moviendo la cola, saltando de alegría e invitándonos a pasear o sonando su hueso felpudo; escuchar el ronroneo del gato mientras vemos la TV y verlo cazando la lana de tejer de la abuela o el ratón de colores que compramos para él; descubrir a la pequeña tortuga tomando el sol en la ventana… mirar durante un rato a los peces rodeados de algas y el movimiento oscilante de ellas, el oxígeno en la pecera y sorprendernos cuando nos asomamos y el pececito de cola rizada se acerca también al vidrio, como saludando… todas estas circunstancias dan felicidad.

Estudios muy serios de universidades e institutos de investigación dan cuenta de las ventajas que tiene vivir con una mascota, desde el establecimiento de un vínculo afectivo que nos ancla en una realidad agradable y placentera, hasta el ejercicio que hacemos sin darnos mucha cuenta, pasando por la compañía, la seguridad, el contacto con el amor incondicional, conocer personas con los mismos intereses, mejoramiento de la percepción de bienestar, hasta razones médicas como que eventualmente los dueños de mascotas tienen mejores valores en sus triglicéridos o más bajos los niveles de colesterol.

Veamos…

La relación con los animales es una historia tan larga  como la propia humanidad. Si bien los humanos nos servimos de los animales en un principio para trabajar, cuidar nuestros rebaños, protegernos de  intrusos, ellos en esa relación de dependencia obtuvieron protección, alimentación y afecto. La manada se hizo híbrida, ya no fue una manada de perros salvajes, de gatos silvestres, ahora la manada se hacía más grande e integraba a los humanos… o al revés. Ese relacionamiento primitivo no ha cesado, y aunque ahora compramos camitas de colores a nuestros perros o mullidos cojines decorados a nuestros gatos, somos esencialmente los mismos, un poco más domesticados ellos, un poco más sofisticados nosotros, pero los mismos.

Ellos nos siguen beneficiando, en las ciudades no cuidan a los rebaños pero sí nos protegen de otras acechanzas mucho más peligrosas como la soledad y el aislamiento; amén de ladrones, y previenen enfermedades como el stress, nos ayudan a elevar la estima, nos sirven de ojos cuando la visión nos ha abandonado, nos alertan de ataques epilépticos…

Tener mascotas en cada edad ofrece ventajas distintas:

A los niños los dota de un compañero de juegos, un ancla en la seguridad, un amigo incondicional; les enseña que el amor es responsable, que no basta sentirlo en el corazón, que para que el amor sea efectivo debe tener reflejos en la cotidianidad, esto es, alimentar, pasear, cuidar, recoger los deshechos, proteger. Esos valores del universo afectivo de los niños pueden ser aprendidos a través del contacto con la mascota de la familia, siempre y cuando –claro está- el verdadero responsable por el bienestar de la mascota sea el adulto. No  pretendamos cargar a los niños de la responsabilidad completa. Recordemos que ellos están aprendiendo a tener y desarrollar valores frente a la sociedad y ante sí mismos.

En la adultez una mascota es una extraordinaria compañía. El ritmo de vida que impone la contemporaneidad está lleno de asuntos urgentes, todos contra reloj, reuniones, horarios, miles de obligaciones que se suceden unas tras otras sin darnos mucha tregua, pero llegar a casa a las 7 de la noche exhaustos y ver aquella efusiva bienvenida, nos invita a no meternos en cama a morirnos sino a salir y ejercitarnos, a no quedarnos encerrados en nuestras rabietas cotidianas sino a reírnos… a seguir en contacto con las cosas hermosas de la vida, con la sencillez del afecto. Nos ayudan además a ser más humanos, nos enseñan a vivir el tiempo presente, nos hacen recordar aquel axioma de que en la acción de dar hay satisfacción y plenitud.

En la tercera edad, nuestros animales nos ayudan a organizarnos en círculos de amistades, facilitan el ejercicio, el sentido de utilidad se incrementa y aumenta el buen humor. Es común vernos sonriendo frente a nuestras mascotas y comentar las gracias que hacen. El sentimiento de soledad que acrecienta tanto la tristeza se desvanece por la compañía. El sentido de responsabilidad frente a esa mascota nos impulsa a recuperarnos más rápidamente de una enfermedad. En fin, tener mascotas es bueno para la salud

Importante

Si bien los animales de compañía nos dan alegrías y felicidad, es de suma importancia tomar en cuenta que dependerán de nosotros toda su vida, que llevar a casa un perro, un gato, un conejo implica la responsabilidad  por su salud y esto requiere visitas periódicas al veterinario; dotarle de un espacio propicio para su existencia, darle la alimentación adecuada y cuidarlo amorosamente, tanto como ellos nos cuidan  a nosotros.

 



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